ARRASTRE LENTO


HÁGASE PRESENTE UN NOSTÁLGICO RECUERDO DE TODOS AQUELLOS NOVILLEROS QUE LO FUERON ENTRE LOS AÑOS 1967 Y 1970

 

JOSE CARO

Por José Caro

Éramos obedientes a la voz de mando -imperativa- de nuestros sueños, y presos de nuestras ilusiones. Sumisos a las fantásticas composiciones de la imaginación, hacíamos el recorrido diario desde la nada hasta la gloria,….. Y nos coronaba la dicha que, en glorioso júbilo, olvidaba sacrificios y renuncias,……. HOY SON “SIMPLEMENTE” RECUERDOS.

Y recuerdo, como lo recordarán quienes, vivos aún, formaron parte de aquella generación románica y bohemia (ARMANDO MORA, JESÚSUÁVILA, JOSÉ MANUEL MONTES, MAURICIO LAVAT, ISAURO OLIVARES, CARLOS CASTAÑEDA, RAFAEL ROBLES, EDUARDO RIVAS, RICHARD COREY, ARTURO PRADO, ANTONIO LOMELÍ,….. ) Y es que hay recuerdos que, cuando reaparecen en la memoria, causan un extraño dolor que sin matar hieren, y sin herir sangran,…

Por ello me atrevo a confirmar que hay recuerdos que cuando despiertan de su letargo se incorporan logrando que, como nubecillas desprendidas con incontenible alegría, suben por la superficie vibrantes y estremecedoras. Lo cierto es que hay recuerdos luminosos que excitan la adolorida imaginación de quien los evoca. Tal es el caso del ahora difuso y confundido Cerrito de la Cruz.

Y recuerdo que,…

“…. en carrusel de fantasía vinieron a mi mente aquellas brillantes mañanas en las que, en compañía de la camada aquella de vagabundos y soñadores que queríamos ser grandes toreros, hacíamos en recorrido diario a la pequeña lomita a la orilla oriente de la ciudad para ejecutar el cuerpo y despabilar el espíritu.

“Quienes queríamos ser toreros teníamos una rutina atendida con compulsiva precisión. Recuerdo que luego de aquella oxigenación mañanera de todos los días, y luego de engañar las tripas con un desayuno disfrazado, acudíamos presurosos al ruedo de la plaza San Marcos para trazar con capotes y muletas aseados jeroglíficos de fantasía. Y recordé la fatiga muscular que nos hacía sudar con tal intensidad que a la luz de los rayos solares, como aureola mágica, lucíamos un orgulloso “iris de honor”. Era el sudario satisfecho de la virilidad ante el aullido silencioso de las indiferencias e incomprensiones que nos rodeaban en brutal asalto.

“Recordé aquella juventud que saturada de fe y esperanza en el porvenir, con afán y fuerza sorprendente, latiendo en las entrañas un corazón ardoroso, a la hora de subir “el cerrito”, luego en los entrenamientos, y posteriormente en las actuaciones pueblerinas, lanzaba un estridente grito guerrero que, como conquistadores y flecheros legendarios, entre los timbres de las fanfarreas nos abría paso en el misterioso porvenir.

“Recordé que en aquel entonces, en la cruz el cerro, se escuchaba el timbre de los vientos, vientos que en espiral ascendente llegaban hasta el cielo que, asombrado, daba fe del clamor del grito de nuestros ideales. Fue así que, rumiando los recuerdos desgarrados, tal y como si fueran ruinas amontonadas, al voltear al aparador de la memoria, me di cuenta cuan ridículamente se alargan las figuras para luego contraerse como las imágenes de chiquillos frente a los espejos mentirosos de las grande tiendas.

“Era la tristeza,…

“Agotado el torrente de mis –nuestras- ilusiones juveniles, con el cerro de la Cruz destrozado, soy –somos-espectadores del derrumbe del brío mañanero del entrañable cerrito. Y con la tristeza a flor de piel algo me hace temer que el toreo, si no lo mimamos con celo y afán de niño, como el cerrito de la Cruz, algún día se DESPLOMARÁ”.

#deportes

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