La imposición del homosexualismo


 

HERIBERTO BONILLA

Una segunda amenaza contra la familia viene en nuestros días de lo que se denomina “agenda gay” y el “lobby gay” que no tiene por objeto lograr el respeto por las personas que padecen tendencias homosexuales, sino, por un lado, imponer el reconocimiento de la homosexualidad como una opción naturalmente válida y lícita y, por otro, empujar a numerosas personas, incluyendo niños y adolescentes, a la práctica de la homosexualidad.

Esta es una verdad totalmente comprobada y comprobable. “Existe un proyecto cultural preciso y sistemático por parte del lobby homosexual, cuyo objetivo declarado es penetrar profundamente en la mentalidad de la gente”, dice una fuente autorizada en estos temas. Hoy en día asistimos a lo que se llama un “proceso de reingeniería social anticristiana”, es decir, un plan por el cual se quiere introducir en nuestra cultura un nuevo concepto de sociedad, de familia, de sexualidad, de varón y de mujer, de bien y de mal, etc. Y este plan viene impuesto “por las Naciones Unidas y otros organismos internacionales, que se desarrolla sin pausa”. Hay grupos que hacen mucha presión para que se introduzca en la legislación lo que ellos llaman “crimen de odio”, es decir, acusar y condenar a quienes afirmen “que los actos homosexuales constituyen un desorden antinatural”.

Deberían, pues, empezar por mandar a la cárcel a San Pablo. Y más todavía: “se pretende que sean castigados también aquellos de los que se sospeche un «ánimo homofóbico», y no sólo los que comentan «actos de homofobia» («ánimo homofóbico» es el que se sospecha, por ejemplo, de toda persona que no acepta la «normalidad» de la homosexualidad; que rechaza el «matrimonio homosexual» y la adopción de niños por parejas de homosexuales; se sospecha también de ese «ánimo» de todos aquellos que deban enseñar la doctrina católica sobre la homosexualidad, etc.)”.

Y yendo más lejos todavía, un documento oficial de la Organización de los Estados Americanos (OEA) introduce la inversión del onus probandi (o carga de la prueba), lo que significa que cualquiera nos puede acusar de odio contra los homosexuales, sin necesidad de probar que su acusación es verdadera; la obligación de probar que es inocente pasa al acusado, aunque la acusación se base en simples sospechas.

Todo esto significa, por un lado, la perversión del sistema jurídico, y, por otro, la intención deliberada de preparar las armas para una verdadera y terrible persecución contra todos aquellos que quieran seguir profesando, sobre estos temas, las enseñanzas de la Biblia, del Magisterio de la Iglesia y de la ley natural.

¿Qué se busca en el fondo de todo esto? Se pueden proponer muchas hipótesis. Puede ser el enconado plan de un grupo minoritario de personas que quiere que todo el mundo sea como ellos; puede pensarse también en intereses económicos y políticos; y pueden proponerse otras explicaciones. Pero no hay que dejar de lado la intención del enemigo de nuestra naturaleza, el diablo, que sabe que la destrucción de nuestra naturaleza pasa por la degradación sexual de la misma. A este propósito menciono el testimonio de una importante convertida del satanismo, que escribió recientemente un libro titulado Escapada de Satanás, donde señala la fuerza que el satanismo auténtico pone en esta obra; ella misma fue inducida a practicar el lesbianismo a pesar de no haber sentido jamás atracción por personas de su propio sexo: “Recuerdo sobre todo, dice, la exaltación de la homosexualidad y de la violencia, que luego he comprendido que representaba para la secta el mejor modo de glorificar a Satanás y ofender a Dios”

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