Nuestra eternidad depende del momento


Reflexiones sobre el año que se va

 

REFLEXION FIN DE AÑO

+ Al despedir el año volteamos al pasado para darnos cuenta de lo que hicimos y dejamos de hacer, así como para renovar nuestro espíritu de superación para el 2017

+ El tiempo siempre nos habrá de cobrar su factura pues así ha sido desde que apareció el hombre en la tierra, por lo que hay que luchar el momento sin pensar en el futuro

En FUERZA AGUASCALIENTES creemos, como nos lo dijera la joven psicóloga Ana Gabriela López Ovalle que nuestra eternidad depende de nuestro momento de ninguna manera de un pasado que ya fue superado y de un futuro que no sabemos si Dios nos permitirá llegar. Por lo tanto pensamos firmemente que el fin de un año es para algunos motivo de alegría, para otros de tristeza; durante la despedida del año que se fue, al desprender la última hoja del calendario entre abrazos y brindis, inevitablemente vienen a la memoria los momentos de alegría que dejo ese año, o de tristeza por lo que se llevó o por lo que hicimos y lo que no hicimos durante ese tiempo, y de alguna manera quisiéramos dar marcha atrás a las manecillas del reloj, para hacer algunas correcciones en nuestra vida.

Y como en las viejas películas, quisiéramos regresar nuevamente una a una las hojas del calendario de ese año que nos está dejando, y volver a esos momentos desagradables y poderlos corregir, momentos que quisiéramos no volver a recordar, pero que siempre van a estar ahí, junto a los buenos momentos, con la ventaja que nos da la magia de nuestra mente, de poder elegir y regresar a aquellos fríos días de invierno y hasta de privaciones de otros tiempos, que a la distancia nos parecen agradables, cuando con familiares y amigos ya ausentes, despedíamos años pasados y volver a convivir junto a ellos, por esas calles y lugares de nuestra ciudad, también ya desaparecidos.

El paso de un año más es para algunos momento de reflexión, con sus según ellos, nuevos propósitos de año nuevo, pero que no dejan de ser una repetición de sus propósitos que no cumplieron en años anteriores; también son momentos de meditación para otros sobre el tiempo pasado, no de un año más, sino del tiempo transcurrido a través de toda una vida, de ese tiempo del que todos, chicos y grandes creemos tener idea de lo que es.

De ese enigmático tiempo que rige todas las actividades del universo, que puede ser un gran maestro por las lecciones que nos da durante nuestra existencia, puede ser un gran médico que todo lo cura, el que todo lo justifica, el tiempo que puede pasar de prisa o puede pasar despacio, podemos aprovecharlo o desperdiciarlo, hasta nos podemos dar el lujo de matarlo, pero lo que no podemos hacer con el tiempo es definirlo.

De esta forma el tiempo ha sido tema de preocupación y de curiosidad en el hombre, tema de estudio de físicos, filósofos y poetas, que le han dedicado una gran cantidad de libros y artículos, pero a pesar de tanto estudio no han podido llegar a un acuerdo sobre lo que es el tiempo.

Para algunos el tiempo es solo aparente, una ilusión, los poetas lo comparan con el vuelo de un pájaro, con un automóvil en marcha o con un río, en cuya corriente todos vamos, pero que no podemos regresar, con un punto final donde se encuentra el futuro, en estas comparaciones se encuentra presente el movimiento, como una flecha que solo va en un sentido, apenas ocurre algo es arrastrado por la corriente del tiempo.

Ya San Agustín se planteaba el enigma del tiempo, cuando se preguntaba: "¿Qué es el tiempo?, si alguien me lo pregunta, se lo que es. Pero si deseo explicarlo a quien me lo pregunta, no puedo hacerlo". Esto lo dijo hace más de 1,500 años y la duda subsiste.


REFLEXION FIN DE AÑO

Más recientemente Albert Einstein dijo sobre el tiempo: "La diferenciación entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy tercamente que nos agarremos a ella". A lo mas que ha llegado el hombre es a tener una forma de medir el espacio de tiempo, tomando como base la observación de los movimientos celestes, reflejados en sus calendarios y relojes, hasta llegar a formas más precisos para su medida, que toman como base las propiedades del átomo.

Parte indispensable en todos los hogares para llevar una medida del tiempo, es contar con un calendario, ya sea colgado en una pared o en un escritorio, lo que le permite al hombre llevar cuenta del tiempo que pasa y poder trazar planes para el futuro, con el fin de llevar a tiempo las labores de su trabajo, del campo, los aniversarios y cuando se acerca el fin de año.

De esa necesidad del hombre por prever el futuro y prepararse para recibirlo, surgió la forma de medir el tiempo, tomando como base la observación de los movimientos del sol, la luna, las estrellas y la tierra, con lo que desarrollo diferentes calendarios, agrupando los días para poder regular sus actividades.

La misma palabra calendario se deriva del Latín calendarium que significa sistema para dividir el tiempo, que a su vez proviene de calendae primer día del mes Romano. Desde que el hombre apareció en la tierra, el día ha sido el más claro indicador del tiempo, su medida se basa en las 24 horas que tarda la tierra en girar sobre su eje; el mes y posiblemente la semana, vienen de las faces de la luna, o periodo en que la luna describe una órbita alrededor de la tierra; por su parte el año mide el tiempo que tarda la tierra en dar vuelta al sol, lo que equivale a 365 días, 5 horas, 48 minutos y 48 segundos, aunque normalmente se dice que un año consta de 365 días, con su corrección de cada cuatro años, al aumentar un día al mes de febrero, con el llamado año bisiesto.

Para dar nombre a los días, las diferentes culturas toman como base los nombres de Dioses mitológicos, es el caso del Español y otras lenguas romances, como el Francés y el Italiano, que tomaron los nombres de Dioses de la mitología Griega y Romana, quedando de la siguiente forma:

Domingo (Dies dominucus): Día del Señor; Lunes (Lunae dies): Día de la Luna; Martes (Martis dies): Día de Marte; Miércoles: (Mercirii dies): Día de Mercurio; Jueves (Jovis dies): Día de Júpiter; Viernes (Veneris dies): Día de Venus y sábado (Sabbati dies): Día del Descanso.

La semana de siete días surge como una unidad del tiempo menor que el mes y mayor que el día, con el fin de dedicar determinados días para la visita al mercado, la limpieza, el descanso del trabajo y la oración; los Cristianos lo adoptaron del calendario Judío, probablemente en su origen la semana solo era un intervalo entre los días de mercado. También es probable que se eligiera el numero siete para marcar los días de la semana, por la creencia en sus virtudes místicas, como numero afortunado, la importancia religiosa del séptimo día la describe el Génesis: "Y el séptimo día reposo Dios..."

En cuanto a la forma de nombrar los meses tienen origen Romano, los cuatro últimos son los números siete, ocho, nueve y diez en Latín, nombre que les quedo debido a que el año Romano comenzaba en marzo, quedando de la siguiente forma:


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Enero: Jano, Dios protector de las puertas; Febrero: Februa, fiesta de la purificion; Marzo: Marte, Dios de la guerra; Abril: Aperire, del Latín abrir, porque es cuando abren los capullos; Mayo: Maia, Diosa de la fertilidad; Junio: Juno, Diosa del hogar; Julio: por Julio Cesar; Agosto por Augusto, primer Emperador Romano; Septiembre: Septem, del Latín siete; Octubre; Octo, del Latín ocho; Noviembre: Novem, del Latín nueve y Diciembre del Latín Diez.

Las culturas prehispánicas como la Azteca o Mexica, contaban con sus propios calendarios para determinar su cronología, en este caso uno era de carácter ritual y otro civil. El calendario ritual se conocía como Tonalamatl y comprendía 260 días, divididos en 13 grupos de 20 días cada uno; al calendario civil lo denominaban Xiutlalpohualli y constaba de 360 días, que se dividían en 18 meses de 20 días, a cada mes lo designaban con el nombre de un fenómeno natural o de los ritos que practicaban en ese periodo, los Aztecas distribuyeron el tiempo en periodos de 52 años.

Al tomar Julio Cesar el poder estaba en vigor el calendario Romano, el cual era de los más confusos, con modificaciones a capricho de los políticos con sus adicciones y reducciones, tratando de prolongar su estancia en el poder o reducir los periodos de sus oponentes; además de la labor poco profesional de los sacerdotes, por mantener orden en el calendario lunar de 355 días, tan es así que cuando llego Julio Cesar, tenía un error de dos meses en relación con las estaciones.

Por consejo del astrónomo Greco-Egipcio Sosígenes, Julio Cesar decreto que el año 45 A.C. el calendario Republicano Romano tendría 445 días, al añadir 23 días al finalizar febrero y 67 entre los meses de noviembre y diciembre, además ordeno que cada cuarto año se añadiera un día a febrero, dando forma al año bisiesto, es así como el año volvió a coincidir con las estaciones y para la tradición Romana, ese año del 45 A.C. paso a la historia como el año de la confusión.

Ese nuevo calendario que sería conocido como Juliano, rigió durante cerca de 16 siglos el Imperio Romano, y posteriormente a su caída las regiones civilizadas de Europa; con el curso de los siglos el calendario Juliano fue acumulando errores, para el siglo XVI el calendario ya llevaba 13 días de retraso en relación con el sol, aunque la población no se sentía afectada por esta situación, la iglesia si lo sentía, debido a que las fiestas religiosas se ubicaban en la estación equivocada.

Para el año de 1582 el Papa Gregorio XIII reformo el ya por entonces antiguo calendario Juliano, que ya había acumulado algunos errores, por lo que ese año el equinoccio de primavera ocurrió el 11 de marzo, en lugar del 21, con el fin de corregir estas irregularidades, al mes de octubre le anulo diez días y decreto que el 4 de ese mes fuera el 15.

Las innovaciones implantadas por el Papa Gregorio, fueron adoptadas de inmediato por los países católicos, en cambio los países protestantes se rehusaron a aceptar los decretos del Papa, por lo que siguieron utilizando el calendario Juliano con todo y sus errores, hasta que se percataron de lo inconveniente que resultaba usar dos calendarios en un continente tan pequeño, y terminaron por aceptar el sistema más lógico.

Inglaterra fue el último país en aceptarlo en 1752, en que tenía una diferencia de 11 días con sus vecinos, teniendo que eliminarlos, por lo que en Londres los trabajadores se revelaron por los 11 días que les desaparecieron, reclamando el salario de las jornadas que según ellos faltaban. Por su parte, en América Benjamín Franklin asumió una actitud más filosófica, al recomendar a sus lectores, que no debían "lamentar .... la perdida de ese tiempo", sino alegrarse, pensando que podían "acostarse tan tranquilos el dos de este mes, y despertar hasta la mañana del 14".

Para la medición del tiempo, también fue necesario crear unidades más pequeñas que el día, hacia el año 3000 A.C. los astrónomos Babilonios fueron los primeros en dividir el día en 24 horas iguales, a su vez los Sacerdotes Babilonios dividieron la hora en 60 minutos, con el fin de hacer predicciones más precisas y aumentar sus poderes mágicos.


REFLEXION FIN DE AÑO

Por el año 2150 A.C. los Egipcios dividieron el día y la noche en 12 horas cada uno, desde que salía el sol hasta el ocaso transcurrían 12 horas, la duración o largo variaba dependiendo de la luz solar, según la estación del año. De la misma necesidad de medir esta división del tiempo surgen los relojes, probablemente los primeros que se fabricaron no dependían directamente de los fenómenos celestes, como eran el lapso que duraba una vela encendida, el paso de arena de un recipiente a otro, la caída de piedras y la medición del agua, este último era el reloj de agua o clepsidras, que median el tiempo mediante el llenado o vaciado de agua de un recipiente, al entrar o salir por un pequeño orificio.

El reloj de sol más antiguo de que se tiene conocimiento, es de origen egipcio y es anterior al año 800 A.C. consiste en una larga barra de piedra, con seis marcas grabadas y un travesaño, orientado hacia el este por la mañana y por la tarde hacia el oeste, la sombra incidía en las divisiones para indicar la hora.

La diferencia de los relojes de sol con la clepsidra, era que los primeros señalaban la hora en que deberían realizarse determinadas tareas, y la clepsidra con su recipiente que se vaciaba o llenaba de agua, permitía saber cuánto tiempo había transcurrido, además de que se podía llevar de un sitio a otro y utilizarse en días nublados, pero con el inconveniente de que no era fácil de regular y en invierno se congelaba el agua, de cualquier manera, podemos decir que con la clepsidra se inicia la forma de contar el tiempo.

Posteriormente los griegos de Alejandría aplicaron sus conocimientos mecánicos y científicos, al mejorar los relojes de sol y de agua, y convertirlo en el cuadrante solar.

En la Europa medieval y del siglo XVI los relojes de arena eran muy aceptados, normalmente se utilizaban en los oficios religiosos para medir la duración de los sermones; la duración de los relojes de arena, era de 15, 30 y 60 minutos, por 1750 se fabricaban con dos ampollas de cristal unidas con cera e hilo, posteriormente las ampollas fueron fundidas en una sola pieza.}

Inicialmente la utilización de los relojes se limitaba a funciones religiosas, al mejorar los sistemas para medir el tiempo, su aplicación se extendió a otros campos, es el caso de los tribunales Romanos, en que los Abogados debían limitar sus discursos al paso de cierta cantidad de agua por la clepsidra. De esta manera el tiempo medido con reloj, paso a formar parte de la existencia del común de la gente, como una realidad que podía tener medida, independientemente de los fenómenos celestes, aunque su precisión seguía deficiente.

Por el año de 1300 se inventó el reloj mecánico, con sus movimientos uniformes y periódicos marcaba las horas iguales, los primeros relojes estaban equipados con una sola manecilla que marcaba la hora, ya que no contaban con minutero, de esta forma los primeros relojes mecánicos se encontraban en el interior de las Iglesias, y se fabricaron para hacer sonar las campanas cada hora, más que para indicar la hora del día, así como para indicar a los monjes la hora de iniciar sus prácticas religiosas.

A principios del siglo XVII Galileo concibió la idea de regularizar el funcionamiento del reloj, cuando descubrió que le péndulo es una fuente de oscilación idéntica o casi idéntica, aunque no llego a terminar su proyecto, debido a lo avanzado de su edad y a que se encontraba casi ciego; fue en 1656 cuando el Holandés Christian Huygens construyo el primer reloj regulado por un péndulo, lo que aumentó notablemente la exactitud y además fueron los primeros cronómetros capaces de contar los segundos.


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El primer reloj portátil fue construido a principios del siglo XVI por el cerrajero Peter Henlein, originario de Nuremberg Alemania, cuando construyo los primeros relojes activados por muelle o cuerda de hierro enrollada, aunque su mecanismo seguía siendo deficiente. Estos y otros experimentos aumentaron la demanda por fabricar relojes más exactos, por lo que científicos y relojeros encontraron la manera de hacer el movimiento del péndulo más uniforme y exacto, además de darle una nueva forma, de modo que el largo y la duración de su recorrido, no variara con los cambios de temperatura, hasta llegar a convertirse en relojes de péndulo de gran exactitud, que no adelantaba ni atrasaban más de unos segundos por semana, por lo que se empezaron a utilizar en experimentos científicos.

De esta manera en FUERZA AGUASCALIENTES podemos afirmar que los relojes se convirtieron en pieza fundamental entre las clases privilegiadas de Europa, era el juguete más nuevo y caro para la aristocracia, se los mandaban fabricar de oro y plata, guarnecidos de piedras preciosas. Habían pasado los días de concertar citas para la puesta del sol, ya se decía a la siete de la noche, y ya se podía marcar distancias a cuatro horas a caballo, en lugar de decir que cierto lugar estaba a media jornada.

De esta forma, el hombre llego a tener cierto control sobre su tiempo con la utilización del reloj, que además se convirtió en el primer artefacto mecánico de fabricación complicada en entrar a los hogares, aunque por décadas siguió siendo de costo elevado, seria hasta el siglo XIX cuando las técnicas de fabricación en serie lo hicieron más accesible para el común de las personas.

Pero a pesar de tanto adelanto sobre la forma de medir el tiempo, ni poetas, científicos y filósofos han llegado a un acuerdo sobre lo que es el tiempo, por lo que podemos inferir que el tiempo no es otra cosa que nuestra existencia presente y actual; el tiempo pasado o nuestra existencia pasada ya no existe y no podemos recobrarla o cambiarle nada; el tiempo por venir o existencia futura, todavía no existe y posiblemente no existirá jamás, puesto que no depende de nuestra voluntad ni podemos contar con él.

Por lo que solo tenemos a nuestra disposición el momento presente que es indivisible, sin que nadie pueda fijarlo ni siquiera con el pensamiento, puesto que se escapa con una gran rapidez. Nuestra suerte eterna esta pues ligada al uso que hagamos del tiempo, y puesto que ni el pasado ni el futuro están en nuestra mano, podemos concluir que nuestra eternidad depende siempre del momento actual.

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