Una tradición con emotivas vivencias


Las pastorelas en Aguascalientes

 

pastorelas

La celebración de la Navidad en los hogares mexicanos es un hecho que hunde sus raíces en los orígenes de nuestra sociedad. Nuestro país surge como un pueblo mestizo, fusión del mundo hispano e indígena, con el catolicismo como factor de unión cultural indiscutible.

Las representaciones del nacimiento del niño Jesús, surgieron en la Europa medieval y fueron introducidas en México como un medio de evangelización durante la época colonial.

Con el tiempo se han enriquecido con elementos picarescos, dando lugar a las divertidas pastorelas.

La realización de las Pastorelas en Aguascalientes es una expresión muy respetable de la religiosidad y del ingenio de nuestro pueblo.

De acuerdo a investigaciones que FUERZA AGUASCALIENTES realizó en el Archivo Histórico, Aguascalientes, como siempre, no podía ser ajeno a las pastorelas. A finales del siglo XIX y principios del XX, estas diversiones, al igual que otras también muy populares, eran las más solicitadas. Estas se llevaban a cabo en los teatros La Primavera y El Recreo, así como en otros teatros improvisados en corrales como uno que se encontraba en el Barrio de Triana por la calle de las Ursuas. Otro espectáculo pastoril se montaba en el corral de la plaza de gallos ubicado por la calle de Hospitalidad, lo mismo se hacía en la primera calle de la Igualdad -actualmente Plan de Ayutla- atrás del templo de Guadalupe.

El teatro Primavera aunque tenía algunas habitaciones donde se instalaba la jugada en tiempo de Feria, el resto del local era un patio cubierto con un toldo que servía de techo por donde se colaban los vientos helados propios de la temporada invernal. Antes de que llegara la luz eléctrica a Aguascalientes, en 1890, el lugar estaba alumbrado por lámparas alimentadas con cebo o petróleo y posteriormente se utilizó el gas nafta, con lo que muchas veces se apagaban a causa del aire. Las representaciones raras veces comenzaban a la hora señalada, pues el empresario esperaba hasta cubrir una cierta cantidad de público. Hubo varias personas que se dedicaban a montar este tipo de espectáculos.

El más popular y principal empresario de ese tiempo fue Juan Arteaga, también conocido como Juan Pata o Juan y Medio, era una persona muy influyente, pues además era el regidor municipal encargado de las diversiones públicas para supervisar el orden y que los reglamentos fueran observados, como es el caso de las corridas de toros que se presentaban en la plaza del Buen Gusto.

El guión de las pastorelas casi nunca variaba y eran actos cortos, acompañados de números musicales a cargo de bandas muy populares como la de los Once Viejos dirigida por Pedro Lira y también la de Los Pitacoches, cuyo dueño y representante era Ladislao Escalera.

El maestro de música Susano Robles, director de la Banda Municipal, también llegó a acompañar a diversas pastorelas.

Los actores eran gente del pueblo, quienes además trabajaban en cargos públicos o tenían otros empleos, pero que era contratada para la temporada de pastorelas y esto les facilitaba allegarse un ingreso extra para el sustento. Uno de los actores principales fue Jesús Arteaga, hermano de Juan Agustín Torres representaba a "Luzbel". Salomé Urzúa era el diablo suplente. El personaje de Bato estaba representado por el tenor Félix Herrera. Félix Urenda personificaba a un pastor, mientras que Senobio Sanromán, quien además era genderme, representaba al "Ermitaño" y Trinidad N., alias "La Muerte", personificaba "El Pecado".

Las actrices estaban encabezadas por una tiple llamada Feliz Rodríguez y cuñada de Juan Arteaga, quien representaba el papel principal de Gila; Matilde Rodríguez era "Astucia"; Gregoria Escalera interpretaba a "La Tentación" y Juana Escalera a "El Angel". Los guiones eran picarescos dentro de una sociedad tan moralizante como lo fue en tiempos del Porfiriato, pero tenían el tinte cómico como para hacer reír al público asistente para escuchar versos tales como: Adán, Adán, al pa'juera; no puedo porque ando encuerado y también la güera. Las pastorelas más representadas eran: La Pata del Diablo, Las Campiñas de Sión, La Cuna del Mesías, El Triunfo de la Gracia sobre el Pecado de Adán, La Luz del Mundo -escenificada en tiempos del enorme arquitecto emérito Refugio Reyes- y El León de Judá, del aguascalentense Epigmenio Parga.


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Aproximadamente a finales de 1892 o principios de 1893 murió Juan Arteaga y varios empresarios pidieron a sus herederos los enseres que usaba para sus representaciones, como Felipe Medina, quien continuó con la tradición montando pastorelas en las instalaciones del Teatro Primavera. También Sabás Rosales tenía una compañía y hacía las representaciones en un teatro provisional por la segunda calle del Socorro -hoy Allende- en un corralón que era conocido como teatro Apolo, al cual Rosales pedía que se le llamara teatro Arteaga en recuerdo a su gran amigo. Había también personas como Andrés Barreto que formaba compañías infantiles donde sus integrantes no pasaban de los doce años. Otro de los empresarios de pastorelas, también muy activo, fue Refugio Reyes, quien formó un teatro provisional en el lugar que ocupaba el orfanatorio contiguo a La Primavera.

Además de estos empresarios que se distinguieron en montar ese tipo de pastorelas hubo otros ya posteriores como José Lomelí -que vivía por la calle de Larreategui- y otro llamado Tacho a quien apodaban "El Huevero" y que tenía su casa por la calle de Alvaro Obregón.

Seguramente que el montar este tipo de espectáculos era un buen negocio no solamente por el dinero que se obtenía de las entradas, sino porque se vendían bebidas embriagantes motivo por el cual era frecuente que se provocaran desórdenes, de ahí que el Ayuntamiento consideraba que las pastorelas "no siendo consideradas como útiles a la sociedad, sino que al contrario en esta ciudad son motivo que la diversión referida da lugar a grandes desórdenes emanados tal vez por la poca cultura de la mayor parte de los concurrentes a tal espectáculo".

Por ello el Ayuntamiento también tenía que garantizar la seguridad de estos lugares donde tenía que estar presente una autoridad, ya fuera el comisario o un regidor que supervisara las funciones, aunque en algunos casos se hizo necesaria la intervención de la fuerza armada, sin embargo habrá que decir que, como siempre, la presencia de los militares muchas veces molestaba a "las personas y familias decentes" que concurrían a ellas.

Antes de que se construyera el Teatro Morelos, en la ciudad no existían locales techados y propicios para este tipo de manifestaciones en épocas de frío o lluvia, sino que eran patios o corrales, donde se ponían carpas de lona por donde se filtraba el frío y el aire invernal, motivo por el cual muchas veces fueron suspendidas las audiciones, sobre todo cuando se desataban epidemias como el tifo, la tifoidea y la fiebre.


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Los actores, así como los asistentes enfermaban y el Municipio se veía obligado a cerrar las temporadas por motivo de higiene y seguridad pública en deterioro económico de sus empresarios, quienes ya habían invertido capitales para pagar la renta del teatro, de cantina o habían pagado por adelantado a los músicos. Al respecto, se dice a FUERZA AGUASCALIENTES que existe una anécdota que sucedió cuando vino a cantar la diva mexicana, Angela Peralta, mejor conocida como "El Ruiseñor Mexicano", cuando se presentó en Aguascalientes en el año de 1873 en el teatro La Primavera.

Resulta que al terminar su actuación enfermó a causa de los vientos fríos que se colaban y festivamente comentó que "eso le había sucedido por andar cantando en coli-gallos en vez de hacerlo en coliseos", prometiéndose a sí misma no volverlo a hacer para no correr riesgos. La pastorelas al igual que otros espectáculos tenían la finalidad de lucro y había diferentes categorías según la compañía y el sitio donde se presentaban. Como por ejemplo Juan Arteaga hacía sus presentaciones en el teatro Primavera y cobraba en luneta 20 centavos; mientras que Sabás Rosales, Pánfilo González y Julián Isordia en 1886 formaron sociedad para presentar sus pastorelas en el corral de la plaza de gallos situada en la calle Hospitalidad, cobrando tan sólo 12 centavos. Por su parte el Municipio cobraba una tarifa para otorgar el permiso de presentar las pastorelas durante la temporada navideña y la cuota era de cinco pesos.

Muchos empresarios se quejaban de la difícil situación, entre ellos Juan Arteaga, quien solicitaba en 1892 que se le redujera el cobro a 2.50 por cada pastorela. Había otras presentaciones más modestas que se hacían en los suburbios de la ciudad y los empresarios suplicaban al Ayuntamiento consideración en cuanto a impuestos como Andrés González, que exponía ante el cuerpo edilicio que la renta de vigas, tablas y morillos para formar el teatro, le era excesiva además de que tenía que pagar a los actores, músicos y vestuario.

Además el lugar que iba a tener para presentarse era por la calle de Igualdad, a un costado de la iglesia de Guadalupe, le cobraba 50 centavos, misma tarifa que se solicitaba para un baile.

Hoy en día en los barrios populares se siguen representando, aunque cada vez menos, las pastorelas. En las escuelas particulares católicas también se fomenta este tipo de teatro con un carácter más ortodoxo cuya finalidad es la de fomentar en los infantes el misterio del nacimiento de Jesús, a diferencia de las populares en que se sirve más de entretenimiento gracias a que perdura la presencia de la lucha entre el bien y el mal.

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