FORMULA 1 ... ¿LA GRAN CARRERA?


 

Guillermo Sumarán Barba

Por Guillermo Sumarán Barba

El pasado 30 de octubre, después de muchos años anhelándolo, tuve la oportunidad de asistir al Gran Premio de Fórmula 1 celebrado en la Ciudad de México. Sin duda un espectáculo fascinante, autos a gran velocidad, glamour, souvenirs, edecanes, olor a neumáticos quemados en el ardiente asfalto, el estridente ruido de los impresionantes motores que rugen cual demonios "energumenizados", el candente rayo del astro rey cayendo a plomo, los cientos de pequeños stands comercializando todo tipo de bebidas alcohólicas, que por su precio nada módico, hacen una atenta pero efusiva invitación al abstencionismo, sin olvidar la diversidad de grasosos y fritos alimentos carentes de valor nutricional, pero compañeros inseparables de la helada cerveza; y el factor predominante, altas cargas de adrenalina, que a muchos de nosotros nos eriza la piel, y que por brevísimos instantes nos hace saltar de nuestros asientos, cual templado resorte de acero, alcanzando rápidamente la vertical y pegar gritos de emoción al veloz paso de los bólidos que en la pista compiten.

Más de 300,000 almas vitorearon ese estrepitoso y hermoso espectáculo de talla mundial, pilotos que literalmente arriesgan la vida nos hacen vibrar, y por instantes en nuestro arrebatado yo interior, nos imaginamos al frente de alguno de esos volantes sintiéndonos uno de los heroicos hermanos Rodríguez, poniendo el alto de nuestro país.

En las pantallas gigantes distribuidas por todo el circuito, transmitían en vivo diferentes ángulos, tomas y escenas de dicha carrera, lo cual nos permitía ver algún lamentable accidente o intrépido rebase lejos de nuestro humano visual alcance.

Sin embargo, todo lo que tiene un principio tiene un fin, y la emoción de la velocidad culminó con el triunfo del piloto Lewis Hamilton, producto del trabajo de todo un equipo tras él, equipo que tras bambalinas realizan importantes tareas, manteniendo el auto en óptimas condiciones, realizando cambios de neumáticos en fracciones de tiempo impensables en nuestro cotidiano transitar, y muchas cosas más.

Y eso es justamente lo que hoy me tiene aquí, amig@s mi@s, ¿Cuántos de nosotros hemos tomado el riesgo de ser pilotos de nuestra vida?, ¿Cuántos de nosotros hemos tenido el valor de arriesgar algo que pensamos es valioso?, ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a perder la vida en busca de algo grandioso?

Amig@s, en términos del conjunto y entorno social en que vivimos, nos hemos vuelto conformistas y contradictoriamente exigentes:

* Exigimos que el gobierno genere buenas fuentes de trabajo y bien pagadas, pero no queremos levantarnos temprano.

* Exigimos que la educación en nuestro país sea de calidad mundial, pero ansiamos puentes y días de descanso.

* Exigimos igualdad de oportunidades para ambos sexos, pero fomentamos conductas machistas o feministas.

El día que cada uno de nosotros tomemos conciencia del impresionante vehículo que intrínsecamente conducimos y lo que somos capaces de hacer con él, el día que nos demos cuenta de la hermosa, intensa e interminable competición interna que cada uno libramos, compitiendo consigo mismo, NO buscando como ser mejor que mi vecino ni el compañero de trabajo, sino esforzándonos contra el contrincante más reacio e importante que tenemos, nosotros mismos, ese día comenzará un cambio social como nación.

Lanzo algunas interrogantes al aire:

¿Cuántos de nuestros lectores saben lo que es un ósculo?

¿Quién sabe que es civismo?

¿Quiénes conocen el nombre completo de nuestra ciudad?

¿Qué celebramos el 20 de noviembre?

¿Qué sucedió el 12 de octubre de 1492?

Tal como los pilotos de Fórmula 1, que son respaldados por un gran equipo, nuestro vivir puede ser respaldado por otro gran equipo, solo que es interior, y se encuentra en nuestros principios, valores, formación y educación.

Tomemos el riesgo de meter el acelerador a fondo y escuchar el fuerte crujir de nuestras neuronas intercambiando minúsculos impulsos eléctricos, forcemos el rendimiento del interno combustible, llevemos al límite permisible y sostenible el desempeño de los neumáticos en cada una de las curvas y hagamos el cambio de ellos en el momento oportuno, desgastemos los discos de frenado ante los inminentes riesgos del camino, pero seamos prestos al cambio de posición de la palanca de la caja de transmisión para una potente re-arrancada en el momento idóneo, mediante los laterales espejos prestemos atención a los fantasmas de nuestro pasado para sabiamente huir de ellos, sin despegar la vista del frente, para con determinada decisión, optar por la óptima línea de carrera de nuestro personal y particular desarrollo, prestemos especial atención a las diferentes banderas informativas, preventivas y correctivas que se nos presentan, para con detallada y actualizada información tomar las mejores decisiones de personal competición.

Invito a mis lectores a realizar breves, pero complicadísimos ejercicios de superación personal:

1.-Levantémonos 5 minutos más temprano.

2.-Saludemos con alegría y optimismo a quien está frente al espejo.

3.-Extendamos la mano junto con una sonrisa a nuestro compañero de clase y/o trabajo.

4.-Invitemos a nuestro yo interior a ser un mejor ser humano del que fuimos ayer

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5.-ENCOMENDEMOS A NUESTRO DIOS, EL DIARIO VIVIR

#arteycultura

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