Hoy el aniversario 441 de la cedulación


Aguascalientes vive su fiesta

 

aniversario de aguascalientes

+ Los aguascalentenses nos sentimos orgullosos de habitar una ciudad que en los últimos ha tenido un crecimiento y un desarrollo que nadie imaginaba

Aguascalientes está de fiesta al celebrar hoy a lo grande EL 441 aniversario no de su fundación sino de la cedulación que se dio en torno a un fuerte o presidio que tenía muy cerca al primer barrio de su caserío, el de la Salud que da asiento al Encino. Es una ciudad para estar verdaderamente orgullosos y que no es más que el resultado de muchísimas generaciones que con su esfuerzo y trabajo han superado todas las adversidades inimaginables para convertirse en una población que sin perder su sabor provinciano, muestra cambios fabulosos. En FUERZA AGUASCALIENTES creemos firmemente que las viejas y nuevas personas de Aguascalientes, nos sentimos orgullosos de habitarla.

Los aguascalentenses, porque no sólo han sido testigos, sino los protagonistas de su evolución tan asombrosa. Los que han llegado, porque así lo han querido, lo han hecho porque han visto que éste es su nuevo terruño, en donde podrán cubrir sus aspiraciones, como muchos lo han hecho cabalmente. Aguascalientes, no se equivoca al elegir las directrices políticas que la han llevado a través del tiempo por buenos caminos. Contra viento y marea, pero siempre por buen camino. Vientos y ciclones mecen los árboles. Indiscutiblemente que somos en Aguascalientes un árbol frondoso, un árbol con un tronco muy resistente, añejo, que se remite a generaciones pasadas que son las que sentaron las bases para esta ciudad que luce ya como una gran urbe progresista.

Ese tronco lo fortalecemos todos sus habitantes.

Ese tronco lo regamos día con día con nuestro esfuerzo, nuestra entrega, nuestra aspiración a dejar una mejor vida, una mejor ciudad a nuestros hijos y nietos. Ese tronco que se llama Aguascalientes, hoy a 441 años de su fundación, está más fuerte que nunca y claro que no podemos vivir añorando ese pasado sacrificando a la modernidad. Debemos estar orgullosos de lo que fuimos y más de lo que somos para mirar hacia el futuro inmediato con un gran optimismo y creemos en FUERZA AGUASCALIENTES que hoy más que nunca están bien cimentadas las bases para mejores niveles de vida. Así pues Aguascalientes hoy en que está celebrando el 441 aniversario de su fundación es el fiel reflejo de su gente. Aguascalientes es pasado, pero también presente y todavía más, un futuro promisorio. Somos una ciudad, una Entidad de privilegio que combina a la perfección dos cosas, lo mejor de sus tradiciones y lo mejor de su modernidad.

COSTUMBRES Y TRADICIONES


Es decir, con su evolución, sus costumbres y sus tradiciones nos está diciendo que simboliza su gran calidad de vida, eso es lo que lo hace diferente a Aguascalientes del resto de las ciudades del país. En este aniversario 441 estamos seguros de que los aguascalentenses estamos dimensionando esta transformación que paulatinamente hemos ido construyendo, todos, en los últimos años. Claro que es bonito recordar el Aguascalientes de nuestros padres, nuestros abuelos. El Aguascalientes romántico que tanto nos llena de orgullo y qué bueno que esto siga así y claro que creemos que son compatibles las tradiciones y ambas debemos conservarlas. La del Aguascalientes romántico de antaño y el de hoy, justamente en que estamos celebrando el 441 aniversario de la fundación. Sin embargo no podemos añorar el pasado a costa de la modernidad. Como tampoco podemos aspirar a la modernidad a costa de nuestro pasado.

A REVALORAR LA HISTORIA

Algunas veces resulta complicado expresar las sensaciones que recibe nuestro espíritu, o explicar los sentimientos que se captan al aprender el diario caminar sobre el pedregoso pórfido de grises tonalidades con que se revisen los senderos de nuestros viejos barrios, y más aún cuando se pretende revolar la historia de una Ciudad con un pasado colonial. Que podemos decir de los tesoros que ocultan los cimientos de aquellos edificios que nacieron en la imaginación de los geniales arquitectos sin título; o de las piedras brutas que sostienen el peso de la historia de un gran pueblo, y que mezclan la grandeza de una cultura mestiza. Justo al mediodía, vale la pena intentar describir el abrazo de cada una de esas piedras encimadas que sostienen y edifican las viejas paredes de los monumentos históricos que nos cuestan los hechos de un pedazo reciente, y las vidas de nuestros antepasados.

No resulta una utopía describir el aroma de un pasado que se respira al recorrer el antiguo Camino Real de Tierra Adentro, o percibir la frescura de la Exedra de la vieja Plaza de Armas, o el celo del águila republicana, que nos mira y cumple la tarea vigente eterno. Cómo no expresa el deleite de posar nuestros cuerpos sobre las escalinatas de aquella Exedra, y recordar la gesta de Independencia frente a la última morada de Don José María Chávez; además de refrescar nuestro espíritu con el agua que brota sobre la fuente del romance que inspiro a Manuel M. Ponce. Vale la pena aventurarnos hacia el sur, y disfrutar del frontispicio del Palacio Municipal que nos regalan, en su fachada norte, un pórtico central coronado por once balcones y el águila de las alas extendidas que satisfecha devora a la serpiente y queda impresa sobre el frontón que la corona. Y como dejar de admirar el Escudo de Armas de la Ciudad con su león alado que representa al evangelista San Marcos al posar su mano izquierda sobre la biblia cómo símbolo de la fe en Aguascalientes.


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Y al rodear los pasillos de la historia, y encaminar nuestros pasos al accidente, podemos disfrutar de la vieja finca de Doña Bernarda Salado, y la familia Rincón, y de los murales cuentan otra historia en las paredes del monumento arquitectónico que el gobernador Jesús Terán Peredo destinó, en 1856, como recinto oficial del gobierno del Estado. Al llegar la tarde, nuestras miradas vivas se pueden encontrar al cruzar la plaza de Armas. Y luego de hacer un guardia en honor a la Patria, levantar nuestra mirada hacia las cúpulas barrocas de cantera rosa y las dos columnas salomónicas que contienen el retablo central de la Catedral , justo ahí, donde los evangelistas se resguardaban en sus nichos, y miran pasar el tiempo con la esperanza puesta en la eternidad.

Al recordar el crujir de los cascos de las miles bestias sudorosas, que en un mes de octubre llegaron desde el norte, el sur, el oriente y el occidente del país, podemos imaginar las curiosas miradas de algunos pobladores de la Ciudad que atestiguan su caminar y les abren paso hasta el emblemático Teatro Morelos, recinto de la soberana convención revolucionaria de 1914, que en sus butacas dejó impreso el recuerdo imborrable de la paz que ellos pactaron y que forjaron nuestras instituciones republicanas para transformar esta Ciudad en un símbolo de conciliación de México. Unos pasos más hacia el occidente, ya sobre las calles de Don Venustiano Carranza, entramos al barroco edificio de Doña Jacinta Ortega; en 1805 la actual Casa de la Cultura dejó de ser claustro y convento para ofrecer por primera vez a los niños y niñas unas instrucciones educativas de corte de corte religioso; cien años después, productos de los anhelos libertarios de la revolución, adoptó una totalidad laica con el funcionamiento de la Escuela Correccional de Artes y Oficios y al primaria federal Tipo.

Una cálida tarde de primavera es compañera ideal en una caminata hacia el occidente de la ciudad y una oportunidad para visitar a los constructores de los templos del Expiatorio del Ave María, del Sagrario y Nuestra Señora del Rosario, y de San Marcos. En este barrio se ilustra a nuestro paso toda una historia de arquitectura del siglo XVI y mientras nuestros oídos se deleitan con el coro de los Olé, que se entonan en las gradas de la añeja Plaza de Toros, lo con las risas de niños y niñas que corren por los andadores del Jardín sin molestar a los eternos enamorados que se regalan con besos y flores sobre las bancas y rincones de la balaustrada bajo los árboles frondosos donde asoman los curiosos ojillos de ardillas que pueblan sus viejos troncos.

Al caer la boche se apacigua el calor de la primavera que anuncia la próxima renovación y se asoma el romance entre los andadores y las explanadas, en las calles y los tapancos que invitan a la fiesta popular, Es ahí, entre risas, cantos y miradas cordiales, donde los corazones encuentran un espacio de convivencia y de integración familiar, y en ese espacio que nos ofrece felicidad le tomamos sentido a la arquitectura que celosa guarda los mayores secretos.

La arquitectura de nuestra ciudad narra la historia de una manera muy peculiar y el arte de los antepasados se reúne entre los ocho recorridos de sus barrios. Y además del Camino Real de Tierra Adentro, los poetas pueden encontrar su inspiración en la historia mientras los artistas y diseñadores se recrean en los recorridos de El Encino-La Salud, Jardín de Zaragoza-Parián, Ojocaliente-Estanque, Alameda-Centenario, Guadalupe-San Ignacio, Refugio Reyes-Avenida Madero.

Aguascalientes posee una amplia cultura que al revalorizarse se preserva para el bien de la humanidad, así pues nuestra ciudad es una historia digna de contarse, en un descubrimiento que se encuentra a la mano de los ojos virtuosos un espacio humano ideal para los creadores que saben bien lo que buscan.

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