Cerró por última vez la puerta de talleres


Ing. Humberto Gutiérrez Allende

 


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* Ferrocarriles fue una página romántica y bonita, pero también una muestra de lo que no se debe hacer

* Al cerrar esa puerta ya sin nadie en los talleres, puso fin a más que una tradición, a una empresa que fue el motor de Aguascalientes durante más de un siglo

Mi vida, nos dice, ha tenido de todo y si la pongo en la balanza, ha sido mucho más la felicidad que las crisis. Soñé con formar una familia muy unida y amorosa y Dios me premió con ella. Nunca he buscado la riqueza porque no me importa, vivo bien y puedo caminar por las calles siempre con la frente en alto. ¿Ese es el éxito? Claro que ese es el éxito y para lograrlo no se necesita tener riqueza material, ¿para qué la quieren?, ¿para quebrarse la cabeza con tantísimos problemas que da el dinero?, no, de ninguna manera, ese es el éxito ficticio. El éxito en esta vida es vivirla intensamente, conquistar los sueños que están a tu alcance y no aquellos que son imposibles. El éxito es entregarte a lo que haces y nunca buscar tratar de hacerle el mal a los demás, por eso yo creo que el día que Dios me lleve a su lado, estoy seguro de que serán muy pocos los que pudieran hablar mal de mi paso por esta vida en donde he conquistado la felicidad en mis diferentes facetas laborales, con una familia extraordinaria y miles de amigos, por eso digo que ese es mi éxito.

Quien habla así de vehemente para los lectores de FUERZA AGUASCALIENTES es el ingeniero y maestro don Humberto Gutiérrez Allende, el hombre que en Aguascalientes puede presumir que fue el que cerró, por última vez, la puerta de los talleres locales de los Ferrocarriles Nacionales de México. Es uno de los grandes personajes que tuvieron los talleres locales de Ferrocarriles, en donde desempeñó infinidad de cargos, el último, como subgerente regional. Un hombre que vivía prácticamente las 24 horas del día sólo pensando en "sus talleres" y su UAA, la que ayudó a fundar y luego a crear la ACIUAA. Un hombre que en los diferentes cargos que ocupó tuvo a miles de trabajadores y a cientos de profesionistas a sus órdenes. El último superintendente, don Ignacio Bonilla Diosdado, y yo como subgerente regional, como si fuéramos capitanes de un barco cuando se va a pique, fuimos, los últimos que con tristeza y dolor tuvimos qué aceptar cerrar una de las páginas más brillantes de Aguascalientes en su historia: los talleres de Ferrocarriles.

El "Maestro Bonilla" o "El Correcaminos", como le decían, me permitió el honor de cerrar por última vez, ya sin que hubiera nadie en talleres, las puertas, esas que durante más de un siglo llegaron a cruzar miles y miles de trabajadores. Claro que sentí un dolor profundo, agrega el ingeniero Gutiérrez Allende, porque de golpe y plumazo se acababa no sólo con una tradición, sino también con una parte de mi vida.

La charla con este hombre, todo un personaje de la Ingeniería y la cátedra universitaria, se dio en lo que fue el Hotel Río Grande, y mientras disfrutábamos de un espumoso café, el maestro afirma que desde su punto de vista, Ferrocarriles se vino abajo casi al iniciar la década de los 50's. Después del "Vallejazo", advierte, hubo muchas irregularidades y entonces los líderes sindicales se convirtieron en los todopoderosos y tenían a todos los trabajadores con ellos. La corrupción era absoluta y no había nadie quien la parara, por lo que eso también fue un rejón de muerte.


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Había una bola de abusos en todos los departamentos, con mayordomos que checaban por trabajadores que no iban y les daban la mitad del sueldo, por gente que saqueaba de manera impune porque había una red de mafias contra las que nadie podía. Hasta tres días a la semana me la pasaba en la PGR poniendo denuncias y muchas veces mandé reportes a México de lo que aquí ocurría y nunca se me hizo caso y ¿sabe por qué?, nos dijo, porque ya se había decretado el cierre de los talleres. Y es que al gobierno le dejó de interesar una empresa que le costaba millonarias sumas por lo que el servicio era muy malo y eso hizo que los empresarios optaran por transportar por carreteras su mercancía, algo seguro y sin robos, como ocurría en los trenes. Fueron muchos los factores que le dieron la puntilla a una empresa que durante casi un siglo fue el pilar económico de Aguascalientes y que forjó una tradición de la que no hay que destacar lo negativo, sino las cosas bellas que tuvo, agrega el ingeniero Gutiérrez Allende. Hoy no sólo pienso, sino que estoy seguro que a más tardar en el 2025 el servicio ferroviario, que seguramente volverá a México, va a ser con energía nuclear porque ese, dice, es el futuro.

La mayor potencia de Ferrocarriles, que aquí manejamos, era de 3 mil caballos y hoy las empresas concesionarias utilizan máquinas eléctricas-diesel con 4 mil caballos, con un nivel de contaminación bajísimo.

En Europa ya hay prototipos de máquinas con energía nuclear que pueden correr hasta 350 kilómetros por hora y eso habrá de llegar aquí a más tardar en el 2025. En Alemania y en Japón los trenes ya superan los 200 kilómetros por hora, cuando aquí nuestros trenes corrían 70 kilómetros por hora, lo que hacía que el tren hiciera de aquí a Ciudad Juárez 24 horas, sin bien iba. Había zonas en donde la velocidad era tan ridícula, que a mí me tocó ver, saliendo de Torreón, que algunos pasajeros se bajaban del tren para cortar unas hierbitas presuntamente milagrosas y luego, hasta sin correr, volvían a abordarlo. Esto me confirmaba lo que ya veíamos venir desde el inicio de los 80's, el fin de la empresa estaba muy cerca. Ferrocarriles, agrega el ingeniero Humberto Gutiérrez Allende, al que ingresé en 1968, me dejó mucha felicidad ¿y por qué?, bueno porque seguí la tradición de mi abuelito y mi padre, que fueron ferrocarrileros y con mucho orgullo me enseñaron a ser honesto, entregado y respetuoso.

Quise muchísimo a la empresa a grado tal que hasta propuse, a principios de los 80's, a la Dirección General la creación de un Centro de Investigación, no sólo para tener nuestra propia tecnología y dejar de depender de la chatarra que le comprábamos a EU, sino nuestros propios ingenieros para capacitar al personal. Laboralmente ofrecí mi mejor esfuerzo y por eso estoy tranquilo, emocionalmente el cierre fue un golpazo y más porque fui el que cerró por última vez la puerta de talleres en mayo de 1994. Y yo me preguntaba, ¿cómo es posible que a mí me hubiera tocado cerrar las puertas no sólo de la empresa donde estuvieron mi papá y mi abuelito, sino decenas de miles de orgullosos ferrocarrileros durante más de un siglo? Cuando era jovencito, a principios de los 50's, todavía recuerdo que no había tanta corrupción y tan es así que a los trabajadores se les permitía salir a sus casas a desayunar y regresaban puntualmente, nadie faltaba, tristemente eso se fue decantando y luego vino la apatía del gobierno, los malos líderes y un sindicalismo que fue muy dañino.

Fue en 1884 cuando Ferrocarriles llegó a Aguascalientes y para 1900 ya éramos un emporio, especializado en reparar carros de pasajeros y de carga, luego hasta llegamos a ser una ensambladora y para 1970 la empresa ya era el pilar de la economía.

Se creó una Escuela de Capacitación y pronto quedó obsoleta, porque la teoría no era la adecuada y no había práctica, por eso es que hice el proyecto del Centro de Investigación, lo que fue elogiado nacionalmente pero nunca se llevó a cabo. El conformismo laboral más la corrupción, fue entonces al alza. Luego el ingeniero Gutiérrez Allende dice que laboralmente fue un verdadero trotamundos y que nunca pensó que iba a regresar a su tierra y en un puesto alto en Ferrocarriles y luego en la UAA. Estuve en Concarriles, en la Junta de Electrificación y aquí electrifiqué comunidades en diversos municipios, luego me fui a la Hidroeléctrica de Mazatepec, en el ingenio de San Cristóbal, siempre trabajos ligados a mi profesión de ingeniero y lo hice hasta en Chocolates Larín y Refrescos Pascual, y en otras empresas. A mediados de los 60's se quiso modernizar Ferrocarriles y en México se me contrató junto con otros ingenieros industriales para elaborar los procesos de trabajo, productividad y modernización en los principales talleres. Así llegué en el 68 a la empresa y me dijeron que iba a estar en San Luis Potosí y cuando ya tenía allí casa rentada y boletos para irme, me conoció el señor Campero, subgerente de Fuerza Motriz y equipos de arrastre, quien me pidió que antes le hiciera un proyecto para los talleres de Apizaco.


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"Oye, ¿por qué no te vas mejor a Aguascalientes?, es tu tierra y allí queremos dar mayor proyección a la reparación de coches y carros", no lo pensé dos veces, porque ya para entonces había hecho un estudio sobre reparación de locomotoras, ideado para San Luis. Dicen, agrega el ingeniero Gutiérrez Allende, que nadie es profeta en su tierra y yo, sin imaginarlo volví a la ciudad donde nací. En Ferrocarriles llegué en buen puesto y fui ascendiendo hasta llegar a ser el subgerente regional y quién me iba a decir, reitera, que yo iba a ser el que cerró por última vez la puerta de los talleres. Se puso fin a una época, si hablamos sentimentalmente, extraordinaria. Estando trabajando aquí y como ingeniero me interesé en la docencia luego de que auxiliaba a varios conocidos que habían reprobado materias como Física, Química y Matemáticas, los preparaba en la Escuela de Música Sacra. Cuando estuve en la UNAM, con el tiempo fui maestro adjunto en Ingeniería por lo que la docencia me encantó y comencé también a dar clases en la Prepa del IACT y luego colaboré con el CP Humberto Martínez de León en la fundación de la UAA. Allí di clases durante más de 30 años y fui también uno de los fundadores de la ACIUAA, pero no sólo fui maestro, también estudiante pues luego hice varias maestrías.

Nos platica una y mil anécdotas de su vida en la UAA, pero de eso daremos cuenta en las próximas ediciones. Y dice que eso es un gran tesoro, pero el principal es su familia. Nací aquí, mis padres fueron Enrique Gutiérrez Ramírez, quien trabajó en La Perla y luego se hizo ferrocarrilero, como su papá. Mi mamá fue Hortensia Allende, quien murió cuando yo tenía 8 meses y mi padre se casó años después con Simonita Gutiérrez. Simonita fue la que me formó, me mandó a la Escuela Rafael Arellano Valle, luego a la Secundaria y Prepa del IACT y fue la que hizo que mi papá me mandara a estudiar Ingeniería en la UNAM. Me casé el 29 de noviembre de 1969 con mi amada esposa Mely López y tuvimos tres hijos, Humberto, Arturo y Ricardo, todos profesionistas y uno de ellos viviendo en Inglaterra. Orgullosamente tengo dos nietos pequeños, Ricardo y Rodrigo. No soy rico, soy de clase media para abajo, pero soy multimillonario en amistades y el reconocimiento de mis alumnos, a los que siempre digo que el gran éxito, además de la familia, es caminar por las calles siempre con la frente en alto... Así de fácil.

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