A 43 años de su muerte su figura se agiganta


El amadísimo Padre Toño

 


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* Los Angeles sí existen y Dios lo envió a Aguascalientes para cumplir con un apostolado sublimemente extraordinario

* Nació en Villa García, aquí ingresó al Seminario y se ordenó en Roma para volver y escribir su gran historia de amor

* Con su famosa frase ``Pague la pasadita'' y su recorrido por todas partes logró construír su Ciudad de los Niños

* Un apóstol, un soldado de Dios que como Obispo reconquistó la unidad y el amor entre los habitantes de Tabasco

* Su muerte, el 23 de octubre de 1973 fue uno de los acontecimientos que más tristeza han provocado en Aguascalientes

Están a punto de cumplirse 43 años de su adiós. 43 largos años de que su muerte enlutó y cimbró a Aguascalientes entero. 43 años, toda una vida, una generación. Sin embargo, al paso de ese tiempo su figura se agiganta y su imagen bondadosa parece seguir acompañándonos. Su imagen extraordinaria de padre y de guía espiritual se hace presente en los momentos más difíciles. Pareciera ser que no se ha ido y que desde allá, desde el lugar en que está al lado del Todopoderoso, sigue ayudando a los aguascalentenses. Quizá esa generación que se ha formado en estos 43 años sólo haya escuchado de él y no conozca verdaderamente lo que fue y menos su colosal obra, no obstante, estamos seguros de que estos niños y jóvenes de hoy están bajo su protección, porque lo que lo distinguió en vida fue su gran amor y apasionada defensa de los niños y los jóvenes, de los enfermos y los desvalidos, de los adultos y los ancianos. Fue el querido y amadísimo Padre Toño, un ejemplo para todos. Un ejemplo de vocación de servicio, de bondad y humildad. Ejemplo, primero como sacerdote y luego como Obispo hasta el mismo momento de su muerte.

Ejemplo como hijo, como hermano, como hombre y como ser humano que nació predestinado para hacer el bien. Hoy, a punto de cumplirse 43 años de que murió, el 23 de octubre de 1973, la figura del Obispo de Tabasco, Antonio Hernández Gallegos, el añorado "Padre Toño" de los aguascalentenses, se hace presente más que nunca, dice a FUERZA AGUASCALIENTES Saúl Díaz, todo un personaje en el mundo de la seguridad pública y quien estuviera en la Ciudad de los Niños. Sus virtudes fueron muchas y todas ellas extraordinarias. Se hizo ministro de Dios en 1936, pero desde antes dio muestras palpables de que era un iluminado del Señor. Era la bondad hecha persona, pero en particular con el que sufría. Parecía identificarse con el dolor y lo hacía suyo. Por todo esto y al encontrarnos a unos días del 43 aniversario de su muerte, FUERZA AGUASCALIENTES quiere referirse, de manera modesta, a la extraordinaria obra física, moral y espiritual de este hombre cuya santidad está fuera de toda duda. Fue el Padre Toño un verdadero Apóstol de Cristo.

Un soldado de Dios.

Un soldado que hizo suyo el dolor de los que sufrían, el hambre de los desvalidos, la miseria de los necesitados. El 23 de octubre de 1973 habría de morir en un hospital de San Luis Potosí, llenando de dolor a los aguascalentenses y a los fieles de su Diócesis en Villahermosa, Tabasco, a donde había llegado siete años antes consagrado como Obispo. Hay muchos que lo recuerdan porque fue el fundador de la Ciudad de los Niños, esa que es apenas una de sus muchas e incontables obras materiales. La generación del nuevo siglo pareciera que sólo lo tiene presente por ese hecho, pero la obra del Padre Toño fue mucho más y lo mejor no ha terminado, ya que su figura sigue presente y pareciera que se mantiene como el gran guía espiritual de los aguascalentenses. Siempre hizo gala de su humildad y su apasionada entrega por los desvalidos. Su gran preocupación eran los niños y los pobres, nos dice con gran entusiasmo Saúl Díaz, quien fuera uno de sus alumnos y quien nos cuenta que recorría las calles de Aguascalientes tratando de ayudarlos. No había niño o adulto que no encontrara en él a su protector.


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Sin riquezas materiales, el Padre Toño supo tocar los corazones de la población aguascalentense y siempre encontró la ayuda para quien la necesitaba. Nació en la madrugada del 4 de junio de 1912 en la Hacienda de El Lobo, en Villa García, Zacatecas. Sus padres fueron Pablo Hernández Aguilar y Esther Gallegos Vargas y fue bautizado diez días después con el nombre de Antonio, sus padrinos fueron José López y Emilia Gallegos. Fue una familia numerosa ya que antes de él habían nacido María Concepción e Hilario y luego Esther, Jesús, María, José, Manuel, Pedro y J. Guadalupe. Antonio, morenito y de figura frágil, creció en medio del estudio y aprendizaje de una manera sorprendente y al ver esto, su padre Pablo, con grandes sacrificios lo mandó a estudiar a Aguascalientes, cursando el 5o. y 6o. de Primaria en el Colegio Alcalá, siendo ayudado por el señor Cura Alonso, que estaba en el Templo de San José, a terminar la Primaria y como el dinero se agotó tuvo que regresar a Villa García.

A ese lugar llegó el Obispo Ignacio Valdespino y a él le pidió apoyo para ingresar al Seminario, lo que hizo a los 12 años de edad. Todavía eran tiempos de la Cristiada, nos cuenta Saúl Díaz, quien agrega que en una ocasión llegaron los soldados al Seminario para detener a sacerdotes y seminaristas. Ya estando arriba de un camión, unos soldados lo vieron y dijeron que estaba muy chiquillo, que no podía ser seminarista por lo que lo liberaron evitando así ser enviado a las Islas Marías, a donde llevaban a los detenidos. Luego nos platica que el Papa Pío XI Aguiles Ratti mandó becas a México para los estudiantes que se iban a estudiar al Pío Latinoamericano y las dos que recibió el Obispo Don Jesús López y González fueron para el Padre Anastacio Medina y la otra para el Padre Toño.

Y así se fue a Roma, en donde sus compañeros le decían "Su Excelencia", por lo chaparrito. Ahí escribió muchos poemas, lo que conjugaba con sus estudios, el trabajo, las oraciones y el recuerdo de su patria. Su ordenación sacerdotal fue el 11 de abril de 1936 en la Basílica de San Juan de Letrán y de manos del Cardenal Francisco Marchentti Salvaggiani y su primera misa fue en Roma un día después. Ahí siguió especializándose en Teología y Filosofía. Enfermó gravemente y al reponerse decide el retorno a su patria celebrando su primera misa el 23 de marzo de 1938 en la Capilla de las Rosas, Villa de Guadalupe, arribando a Aguascalientes en donde el 30 de marzo en el Santuario de Guadalupe oficia su primera misa en esta localidad, a la cual acudieron sus compañeros de Seminario y su familia, encabezada por sus orgullosos padres don Pablito y doña Esther. Para su primera misa en la población donde nació, refiere Saúl Díaz, quien se apoyó en el texto del libro "Pague la pasadita, vida del Padre Toño" de Francisco Xavier López Rodríguez, se fue ocho días antes, convocando entonces a los feligreses a participar en los ejercicios espirituales, reflexiones, confesión y comunión. El día de la santa misa fue de fiesta para todo Villa García.

Fue entonces asignado a la parroquia del Señor San José y ahí inició la gran historia de este hombre que para quienes lo conocimos, agrega Saúl Díaz, fue un verdadero santo. Incursionaba en el antiguo rastro, en los mercados, en las plazas públicas, concitando la participación de la gente en dar ayuda al necesitado y luego en el magno proyecto de la Ciudad de los Niños. Siempre encontró respuesta positiva. Periodistas y locutores lo apoyaron una vez en 1959 enfrentándose en un partido de basquetbol que se transmitió por radio.

Durante la ceremonia de presentación, el locutor Humberto Romo se llegó a emocionar tanto que diría, "nos encontramos aquí para ser protagonistas de esta gran obra, de la Ciudad de los Padres del Niño Toño". En otra ocasión se hizo una corrida con Antonio Velázquez y Rafael Rodríguez, lidiando astados de la ganadería de San Diego y uno de los cronistas, al mencionar que se hacía para apoyar la obra del Padre Toño, dijo al aire que se lidiarían astados de los Padres de San Diego. Tanta pobreza, tanto sufrimiento le dolían profundamente y con el apoyo del entonces Obispo de la Diócesis, Monseñor Don Salvador Quezada Limón, se dio a la tarea de formar lo que sería la Ciudad de los Niños. FUERZA AGUASCALIENTES dialogó también con gente que lo conoció y todos coinciden en que fue un predestinado de Dios para hacer el bien.

Fue un ángel que bajó del Cielo para ayudar a los aguascalentenses y hasta la fecha lo sigue haciendo, nos dijeron. Se hizo Apóstol de Dios en el Seminario de Roma, de donde llegó para hacer el bien a Aguascalientes. Daba sus misas en el Ave María y en la Cárcel de Varones. Le gustaba mucho la música y el vals "Pagano". Tenía predilección por algunas canciones como "El rinconcito lejano". Cuando se hizo del casco de lo que era la Hacienda de La Cantera y que se lo vendió don Antonio Morfín en 50 mil pesos, a pagarlos en abonos en seis meses, para construir lo que sería la Ciudad de los Niños, se hacían kermesses para recaudar fondos, se hacían paseos, colectas famosas como la del "veinte". En la zona del viejo rastro y de Triana era donde más se le veía. Recogía a los niños huérfanos y también a los externos, a quien tuviera necesidad. En la Navidad sólo Dios sabe cómo le hacía pero siempre ayudaba a todo mundo. A todas las familias daba su cobijo. En la Cárcel de Varones era el confesor y todos los internos lo querían como si fuera un santo.


Catalogarlo como hombre es imposible, nos dijeron las personas que entrevistamos. Todas coincidieron en que seres como el Padre Toño, nacen predestinados para ser santos. Dios los tocó para convertirlos en apóstoles. Su labor, velar por los demás, es una de las más difíciles para todo ser humano, porque hacer el bien por otros como él lo hizo, casi nadie. Lamentablemente uno siempre ve por el bien particular y encontrar a alguien como el Padre Toño es prácticamente imposible. Su entrega hacia los niños y la gente desamparada era tan admirable que sólo una persona tocada de la mano de Dios puede hacerlo y ese fue el Padre Toño, un ser que nació y se desarrolló como un santo, que seguramente ahorita está en el Cielo. Murió en el 73, pero quienes lo conocimos, quienes lo tratamos y nos sentimos cobijados por su bondad, creemos que no ha muerto, dice Saúl Díaz a FUERZA AGUASCALIENTES. Está tan fresca su imagen que creemos que está con nosotros porque nos hace recordar nuestro origen, porque aún sentimos su apoyo y porque creemos que encomendándonos a él en las situaciones difíciles que vivimos nos va a ayudar. En los momentos de dolor y de dificultades recurrimos a Dios, pero también a nuestro amado Padre Toño y nos sigue ayudando. La Ciudad de los Niños fue y es su obra material, pero abarcó a todo Aguascalientes y no fue únicamente hacia los niños huérfanos, sino también a los que tenían papás, a los adultos y a los desvalidos.El hecho de haber formado los Clubes Aquiles Rati y San Luis Gonzaga, fue otra manera de orientar a la niñez y la juventud para que no desviaran el camino. El oratorio San Tarcisio fue otra de sus obras. Los Juegos Florales fueron creados también por él para no dejar caer a los jóvenes en desviaciones.

En esos clubes había gente de toda la ciudad. Su apoyo moral y espiritual fue algo único en Aguascalientes y hasta la fecha todavía pervive, cómo no recordar que todos los obsequios que recibía los rifaba con tal de obtener recursos para ayudar a sus pobres.Aún recuerdo, nos dice Saúl, como una vez varios amigos nos juntamos para comprarle una bicicleta, ya que nos preocupaba que diariamente recorría a pie casi toda la ciudad pidiendo apoyo para sus pobres. Decidimos no decirle nada hasta tenerla y cuando se la entregamos nos dijo que de nada serviría, ya que no sabía cómo utilizarla. No se preocupe Padre, nosotros lo enseñamos. Y así lo hicimos, sin embargo el Padre Toño se caía en todo momento y nosotros nos moríamos de la risa, sin embargo era perseverante y finalmente lo consiguió. Fue una vida consagrada al bien. Fue su vida la de un verdadero apóstol de Cristo, de un soldado de Dios que difícilmente se repetirá. Están por cumplirse 43 años de su muerte, sin embargo podrán pasar 100 ó más años y la figura del Padre Toño seguirá siempre entre los aguascalentenses. Su sencillez, su humildad y la grandeza de sus obras lo convirtieron en un verdadero ángel que bajó del cielo para ayudar a los aguascalentenses.

La huella del Padre Toño sigue presente. Y luego nos cuenta que en 1961 fue nombrado Canónigo en ocasión de sus Bodas de Plata Sacerdotales y en 1966 ya fue el Vicario. Siempre, nos dice, se le veía en la esquina de Unión y Juárez, entre los pasillos del Mercado Terán, del Juárez, en los talleres del Ferrocarril. En tiempos de Feria se instalaba junto a La Merced y ahí pedía para sus niños. Ahí iniciaría su famosa frase "Pague la pasadita", la cual repetía por todas partes. Era muy cariñoso con toda la gente y a los niños en la época de la Navidad los ponía a cantar. Como en ocasiones no tenía dulces, fruta o regalos qué darles y sólo disponía de cacahuates y coca cola, el Padre les decía para hacer menos amarga la carencia: ¿qué quieren, caca o coca". Yo lo conocí bastante y nadie me dejará mentir que su humildad, modestia y entrega hacia los demás era increíble. Lo llegué a ver con los calcetines zurcidos al igual que las solapas de sus sacos o los puños de las mangas de sus camisas y estoy seguro que muchos lo recuerdan con sus trajes que una vez fueron negros, ya rojizos por el paso del tiempo.

Cómo no recordar, agrega Saúl, que fue de los fundadores del grupo de Boy Scouts de Aguascalientes, cuyo primer director fue su hermano Manuel. Hacía cosas tan grandes que hay muchachos que hoy son profesionistas, artistas y hasta funcionarios que se forjaron gracias a él. Ya en marcha la Ciudad de los Niños, sin olvidar a las familias de los barrios que necesitaban no sólo de la ayuda material, sino de su guía espiritual, la misión del Padre Toño fue acrecentándose por lo que en 1966 recibió lo que para muchos sería un gran premio, pero para él le causó un inmenso dolor, ya que tenía que dejar Aguascalientes al ser designado como Obispo de la Diócesis de Villahermosa, Tabasco. Como buen soldado de Cristo, acató la orden para hacerse cargo de esa Diócesis, la cual constituía una tierra de misión. Su separación de Aguascalientes causó un profundo dolor. Era tanto el cariño que había despertado entre los aguascalentenses, que el trascendental evento fue transmitido por la radio directamente desde Villahermosa. Pero no se vaya a creer que fue una misión fácil, nos dice Saúl Díaz. Todo lo contrario. El Padre Toño se encontró con un clima sumamente hostil, con las mismas autoridades en franco enfrentamiento con la Iglesia e incluso se aseguró que el gobernador Tomás Garrido Canabal había mandado quemar diversos templos y la misma Catedral, por lo que la asunción del nuevo Obispo se hizo en una ceremonia a cielo abierto.


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Asistieron, entre otros, el Nuncio Apostólico de aquel entonces, Luigui Raymondy así como Don Salvador Quezada Limón, Obispo de Aguascalientes, amigo y compañero entrañable del Padre Toño. Pero no sólo con las autoridades había problemas, también entre los sacerdotes y obviamente, entre la feligresía, la cual frente a esa situación se había ido retirando paulatinamente de los templos. Fue un panorama brutalmente adverso el que encontró el querido Padre Toño, sin embargo su humildad y su sabiduría terminaron por doblegar el orgullo y la indiferencia. Se convirtió entonces en el constructor de una nueva era cristiana en esas tierras, donde en un pasado muy reciente se había atacado ferozmente a la religión. Su bondad, su entrega y también su entereza para defender la causa de Cristo pronto fue venciendo todos esos obstáculos y sembró la semilla de lo que hoy es la Diócesis de Tabasco. Fueron varias las ocasiones que se dio tiempo para visitar Aguascalientes en donde siempre recibió la entrega y el amor de la feligresía. En 1973 su estado de salud comenzó a minarse frente a tantas adversidades.

La nostalgia y el cariño por sus fieles y sus niños de Aguascalientes es lo que lo afectó severamente, refiere Saúl a FUERZA AGUASCALIENTES. El 20 de octubre de ese año volvió a estar en esta ciudad. Su salud se quebrantó la tarde de ese día. Fue internado en lo que se conoció como la Clínica Guadalupe. Para entonces la ciencia médica de Aguascalientes no estaba tan avanzada y el mal que lo afectaba en su cabeza necesitaba del tratamiento de neurocirujanos muy especializados. Los médicos locales supieron que en San Luis Potosí estaban dos verdaderas eminencias, los doctores Gómez Méndez y Napoleón Barrera, por lo que permitieron, con extremos cuidados, que fuera trasladado hacia esa ciudad para que recibiera atención especializada. Sin embargo Cristo ya no quiso que siguiera más en este mundo terrenal al que llegó como un verdadero ángel para dar ayuda al necesitado y se lo llevó la mañana del 23 de octubre de 1973. Su muerte causó consternación. Aguascalientes se paralizó totalmente. Pocas veces en toda su historia se vio tanta tristeza y tanto llanto.

El luto fue total.

En Catedral fueron velados sus restos y las escenas fueron realmente desgarradoras. Durante 19 horas estuvo su cuerpo en Catedral. Más de cien mil personas desfilaron ante él para darle el último adiós. El representante papal a la misa exequial lo fue el Arzobispo de Yucatán, Monseñor Alberto Tricari, quien estuvo acompañado de los Obispos de Zacatecas, Tehuantepec y Aguascalientes, así como por los sacerdotes de la Diócesis y de muchos otros Estados. Luego Saúl Díaz nos cuenta que el día de su muerte llegó a darle el último adiós el señor Antonio Aragel Meza, que había estado preso por un delito que no le comprobaron. Resulta, nos dice, que la esposa del señor Aragel le había pedido a Dios, que por intercesión del Padre Toño, le dieran a su esposo la libertad y fue precisamente ese día en que se la concedieron.

Sus restos fueron trasladados a su querida Ciudad de los Niños en un desfile que resultó interminable. Patrullas, ambulancias, autos y miles de fieles lo acompañaron, siendo el Cerro del Picacho mudo testigo de esa procesión. A las 20:45 horas del 24 de octubre sus restos descendieron a las entrañas de su querida Ciudad de los Niños, en donde actualmente reposan. El postrer adiós estuvo a cargo de Monseñor Don Salvador Quezada Limón, quien con llanto en los ojos diría: -Hoy venimos a dejarlo aquí para siempre. Este fue un lugar que amó entrañablemente porque surgió de sus esfuerzos y aquí habrá de reposar por toda la eternidad y desde aquí seguirá velando por sus niños y sus fieles-.

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