Una gran historia de Aguascalientes


El barrio de la Purísima

 


barrio de la purisima aguascalientes

+ Es indudablemente una de las zonas de mayor tradición e historia, un verdadero símbolo que llena de orgullo a sus habitantes

Dicen... y dicen bien, que una ciudad sin historia carece de magia.

Y en Aguascalientes, la magia es producto de nuestra cultura, de la planeación, la buena administración y los mejores servicios para sus habitantes. Así la historia nos recuerda a quienes nos antecedieron, el qué y cómo lo hicieron, por lo que en el futuro la historia dará cuenta de lo que fuimos, el qué y el cómo lo hicimos. Y eso fue lo que hemos destacado desde que se creó FUERZA AGUASCALIENTES ya que en algunas de nuestras secciones nos preocupamos por traer al presente parte de la historia de nuestra Entidad. Atesora una gran riqueza que quizás porque la vemos cotidianamente, no se dimensiona en todo lo que vale e incluso se le minimiza. Sin embargo, todo lo que tiene Aguascalientes es el testigo fiel de un pasado lleno de gloria, de leyendas, de tradiciones que hoy todos estamos obligados a preservar.

Son muchos los monumentos que Aguascalientes tiene en sus jardines, en sus calles, en sus edificios y sin embargo, también es cierto que pocos conocen verdaderamente del porqué se hicieron. Por lo tanto no cabe duda de que cada barrio de la ciudad como sus habitantes, tienen un rostro, una voz, un alma. Tienen su parte de magia y de misterio, encierran sus propios fantasmas que no los abandonan, sobre todo los más antiguos, los de más tradición, por donde siempre es un gusto caminar sin prisa, sentarse en la banca de alguno de sus agradables jardines y dejar que el tiempo transcurra y con la magia de la mente trasladarse a otros tiempos. Como en una desgastada fotografía ver las siluetas de personajes ya desaparecidos, que como fantasmas se irán revelando; el obrero de overol, cachucha y lonchera rumbo a los talleres, las señoras todas de negro de paso lento rumbo al templo, el niño que de mala gana va a la escuela, el trasnochado tembloroso como verdadera alma en pena, en busca de su cantina favorita donde desahogar sus culpas, la reunión de alegre grupo de amigos viejos sentados en alguna banca.

Es el caso del barrio de La Purísima, el de los tranvías y de la época dorada de los talleres del ferrocarril, de la Huerta Games, de los baños de Los Arquitos y de Los Patos, de las cantinas, donde todavía es posible platicar con algún antiguo obrero del ferrocarril o algún sobreviviente de las cantinas. No hay que recorrer mucho del centro de la ciudad para llegar a este barrio, por la avenida Madero o por la Juan de Montoro, y notar cierta influencia ferrocarrilera por su cercanía a los talleres ubicados en su barrio vecino, el de La Estación, unidos por esa gran avenida arbolada La Alameda. Y como los viejos barrios debe su nombre a su santuario dedicado a La Purísima, herencia arquitectónica del maestro Refugio Reyes, con su glorieta y monumento a los Héroes de la Independencia inaugurado en 1910 por el Gobernador Alejandro Vázquez del Mercado durante las fiestas del Centenario, las de don Porfirio Díaz, donde confluyen las calles de Poder Legislativo, Juan de Montoro, Francisco G. Hornedo, Refugio Reyes, Ezequiel A. Chávez, Constitución, Rosal y la Calzada Revolución con su monumento a don Benito Juárez de larga levita, después de su peregrinar desde el costado poniente de la plaza de Armas inaugurado en 1902 en tiempos del gobernador Carlos Sagrado, posteriormente al costado oriente de las vías del ferrocarril a donde fue trasladado en los años veinte, ante las protestas de las logias masónicas, para terminar a un costado del templo de La Purísima donde actualmente se encuentra.


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Barrio con calles de tradición como la Juan de Montoro, cuya historia se pierde en la bruma de los primeros años de la fundación de la ciudad, en tiempos pasados llamada del Alba, del Ojocaliente y del Centenario, el de las fiestas, durante mucho tiempo calle principal del centro al oriente de la ciudad, por donde a fines del XIX y principios del XX corrían los tranvías de mulitas y posteriormente los eléctricos, con rumbo a los baños de los Arquitos, a la Estación y el Ojocaliente.

Vieja calle Del Ojo caliente que su solo nombre evoca los lugares de paseo de los abuelos de la primera mitad del XX, calle donde todavía se pueden observar añosas casonas con sus anchas ventanas de recia forja, como temerosos sobrevivientes de la picota que recuerdan el Aguascalientes de ayer.

Calle Francisco G. Hornedo, la de las tenerías como la de Felipe Ruiz de Chávez, también llamada a fines del XIX de San Juan Nepomuceno como su santuario, con longitud hasta la calle del Olivo hoy de Zaragoza, cerrada por huertas hasta la Purísima, en los años ochenta del mismo siglo fue prolongada, ya con el nombre del gobernador Hornedo. Desde principios del siglo XX surge en este barrio de La Purísima la Huerta Games, cuando su propietaria la señorita María del Refugio Orozco obtuvo del Ayuntamiento la concesión para el uso de las aguas del arroyo de Los Adoberos que cruzaba su propiedad, iniciando la plantación de más de mil plantas de higueras, perales, duraznos y más de dos mil álamos. Así como la construcción de una noria con mampostería, coloco una rueda de fierro para elevar el agua, levanto cincuenta arcos también de mampostería y nivelo el terreno para poder plantar y regar con mayor eficiencia.

Fue así como nació uno de los lugares más pintorescos y bellos de nuestra ciudad, que sería conocido como la Huerta Games, llegando a alcanzar su mayor esplendor cuando estuvo bajo el cuidado de don Rafael Games, que se preocupó de que siempre estuviera bien cuidada, llegando a cubrir gran parte del lado oriente de la ciudad, donde además explotaba unos hornos para la elaboración de cal para la construcción.

Desde los años treinta fue sede de las tradicionales verbenas de abril, que organizaba la Cámara de Comercio durante la Feria de San Marcos, aprovechando el agradable paisaje de la huerta formado por plantaciones de alcatraces, frutales como membrillos, higueras y peras, rodeados por frondosos árboles para agasajar a visitantes distinguidos

A la muerte de don Rafael Games en 1950, los pobladores veían con preocupación cómo la huerta estaba siendo mutilada, considerando como un crimen su desaparición, además de convertirse en un verdadero peligro para la población por sus tierras pantanosas y por los múltiples asaltos que se registraban, causados por los llamados rebeldes sin causa herederos de los temibles Golondrinos, que desde los años treinta eran el terror del barrio, por lo que veían con beneplácito su adquisición por parte del Gobierno del Estado.


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En parte de la huerta fue inaugurado en diciembre de 1961 el mercado Reforma, en el mismo espacio donde anteriormente instalaban un tianguis, mercado que los pobladores prefieren llamar de La Purísima como el barrio al que pertenece, con sus múltiples expendios donde se puede disfrutar de un esplendido almuerzo, desde el tradicional menudo, que reconforta a cualquier espíritu por muy maltrecho que este, unas variadas gorditas, las tortas de carnitas y queso de puerco o una exquisita birria; por la noche los kilométricos burritos, especiales para estómagos de amplia capacidad digestiva y por las mañanas del martes y miércoles, continua la costumbre de instalar el antiguo tianguis donde se consigue de todo, que se resiste a desaparecer contra la oposición de funcionarios insensibles de supuestas ideas modernistas, y muy cerca su nevaría El As, de gran tradición en Aguascalientes.

En octubre de 1964 fue inaugurado el Parque Recreativo infantil Miguel Hidalgo, donde se conserva una mínima parte de lo que fuera el extenso vergel de la Huerta Games, y finalmente después de un largo proceso, en noviembre de 1968 fue inaugurada la avenida Oriente-Poniente, con el nombre de Adolfo López Mateos, pasando por terrenos de la Huerta Games, dando fin a uno de los pocos pulmones de nuestra ciudad.

En pleno barrio de la Purísima se encuentra una simpática y estrecha calle de poca longitud, que corre en forma diagonal desde la calle del Laurel, hasta la Juan de Montoso, hasta hace poco tiempo conservo el nombre de Los Patos, la voz de los vecinos dice que en tiempos pasados era frecuentada por algunos patos que nadaban en las lagunas invadidas por el tule, formadas por la acequia que venia del Ojocaliente, de donde viene su nombre original.

Misma calle de los años cincuenta de don Severito el panadero, que con su esposa Rosita y un sobrino elaboraba un sabroso pan, de sus hornos calentados con leña surgían unas aromáticas conchas, picones, chamucos, roscas de azúcar, las ilusiones, que se podían disfrutar acompañas con un jarro de leche tibia o sopeados en un aromático chocolate, como el que con molinillo preparaba la abuela, la panadería de don Severito hacia recordar al poeta Ramón López Velarde cuando dijo, sale el santo olor a panadería.

Calle de los muy recordados baños de Los Patos de don Juan Olvera, muy bien atendidos por su propietario, donde imperaba la limpieza en sus 11 baños individuales con regadera y pensión construidos por don Antonio Silva, abastecidos por un pozo profundo perforado por el mismo don Juan.

Calle de Los Patos, la del peluquero El Quereque esquina con Juan de Montoso y algunas fincas hoy abandonadas, que se consideran de valor histórico; que a fines de los cincuenta veía alterada su tranquilidad habitual, cuando el General revolucionario Anacleto López desde la hacienda de Víboras, del rumbo de Jerez Zacatecas, visitaba a don Juan Olvera acompañado de su escolta ocupando gran parte de la estrecha calle.


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Parte de esta manzana es una amplia privada que lleva el nombre de Enrique M. del Valle, con entrada por la avenida Madero, por Cosío y por la misma calle de Los Patos, que en conjunto forman una amplia extensión de terreno que no hace muchos años eran una de las múltiples huertas que existían en la ciudad, donde se cultivaban chirimoyas, membrillos, tunas, chabacanos, naranjos, rosales, mictle para la elaboración de té, magalles, carrizo que vendían para la fabricación de canastos; primeramente la regaban con una ramificación de la acequia de Texas que venia de los manantiales del Ojocaliente, posteriormente con agua potable.

Huertas que cuentan los mismos vecinos eran propiedad de la familia Rincón Gallardo, que posteriormente pasaron a propiedad del señor Daniel Ortiz Palos y de Luís Cortes, a fines de los años treinta es cuando la privada empezó a tomar forma con sus primeros vecinos, la familia de Mario Trillo, Salvador Patiño con su fábrica de ropa de mezclilla para obreros del ferrocarril y su tienda de bordados y ropa para dama El Angel en el Parían, Andrés Aguilera un muy destacado ferrocarrilero, los López Palos; posteriormente llegaron los Olvera, los Aguilera, Pepe Márquez con su fábrica de ropa para niño, los Limón, Manuel prestamista del ferrocarril, el ¨Abogao¨ Ramírez Gámez, el actor David Reinoso, los directivos del Centro Social Morelos.

Muy cerca por Juan de Montoso su expendio de leche, la fragua, en esquina con Cosío el puesto de tacos de la señora Andrea apoyada por su hija Carmen; en Madero y Cosío la tortas de chorizo y aguacate del señor Jonnhy, en la acera de enfrente los refrescos la Pureza, con sus Orange Crush y los Jarritos.

Calles de los años treinta empedradas como sus vecinas la Persia, todavía con muy pocas viviendas y una avenida Madero con sus nombre oficial de la Convención, que la voz popular llamo calle de Las Lagrimas, calle Nueva y que la chaviza de entonces bautizó de las Trompadas, que utilizaban como ring para arreglar sus diferencias, por esos años con piso empedrado que cubría el tramo de Morelos hasta la calle Progreso, que el gremio ferrocarrilero bautizó como 28 de Agosto.

Por esos mismos años surgen algunas construcciones en lo que fueran huertas por la avenida Madero, como las oficinas de herrería y fragua que se convirtieron en el edificio del Sindicato Ferrocarrilero con su primera piedra el 7 de noviembre de 1938, inaugurado en 1941, con su intento por construir un teatro anexo proyectado por el maestro J. Refugio Reyes, con sus bustos de López Codina, de López Mateos inaugurado el 30 de abril de 1969, el de Jesús García obra del escultor Pedro Cajero inaugurado en 1950, el de Teodoro Larrea iniciador del ferrocarril fabricado en los talleres del ferrocarril.

Calle de Madero con su cine Victoria del señor Guillermo Enciso, útimo sobreviviente de la época dorada de los cines, con entrada por Madero y Juan de Montoso, cine que posteriormente se llamó Alameda y que actualmente sobrevive como Sala Paris, con funciones para adultos de mucho criterio.

Como todo barrio de tradición con sus imprescindibles cantinas, como la Cabaña, el California, el Alameda, Las Dos Repúblicas, El Johnny Bar, La Feria de las Flores, frecuentadas principalmente por el gremio ferrocarrilero, de gran tradición etílica.

Es el barrio de La Purísima, poco queda de aquel barrio de gran parte del XX, ya no corren los tranvías, por los baños de Los Arquitos ya no corre el agua, de la Huerta Games muy pocas fracciones, los rebeldes sin causa se hicieron viejos, de los temibles Golondrinos pocos se acuerdan, el santo olor a panadería de don Severito hace tiempo se evaporó junto con su propietario, hasta la calle de Los Patos perdió su nombre.

Queda su mercado, su tianguis, su parque Hidalgo, la finca de los baños de Los Patos, sus calles con otra fisonomía, otros rostros, en algunas casas se pueden observar restos de lo que fueran huertas, pocas cantinas sobreviven y sobre todo su templo de La Purísima y si sabemos observar queda la voz, el rostro, el alma, del barrio de La Purísima.

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