Mi comunicación es importante para mi familia


 

Consientes que la familia es la célula de la sociedad, y en pro de defender su subsistencia, no debemos de dejar de lado el cuidar y solidificar la propia. En estos tiempos como en los de antaño es una lucha constante, donde se debe cuidar no romper ese hilo tan delgado entre el dialogo de amigos y la autoridad que representa el ser padre, entre la imposición y la comunicación.

Si consideramos que para que exista una interrelación que fructifique en el bien de todos los miembros de una familia, es esencial hacer un alto y reflexionar como es su comunicación.

El término comunicación procede del latín communicare, que significa “hacer a otro participe de lo que uno tiene”, es el proceso por el que se trasmite y recibe información; los elementos básicos para poder llevarse a cabo es contar con un emisor (es el que trasmite la información), receptor (a quien va dirigido el mensaje), canal de comunicación (medio por el cual se transmite la información, verbal, escrito, gráfico…) y el mensaje a trasmitir.

Es importante tener presente que la comunicación que más impacta es la no verbal, no es lo que se dice, es el cómo se dice, este punto es el que no favorece una buena interrelación familiar. Papás que con voz enérgica amenazan y nunca cumplen: ¡ya siéntate, si te vuelves a parar te pego!, ¡deja ahí, si lo rompes así te va!, el niño ya lleva diez floreros rotos en diferentes casas. O bien, el hijo se compromete de palabra con frases muy bonitas en cumplir con sus deberes, y no los hace, ¡te prometo que si me dejas ir mañana me levanto temprano y te lavo el coche!, y el pobre ya se cae de mugroso. Se pierde la confiablidad.

Se pierde la confiablidad y se rompe la comunicación cuando con ojos que matan le dicen al niño, dime que pasó, no te voy hacer nada, con esa mirada el niño mejor calla.

Otro de los elemento que fracturan la comunicación es establecer acuerdos y no cumplirlos, por no tener tiempo, decir que se escucha y estar haciendo otras actividades que hacen sentir al emisor que su plática no interesa y con el tiempo, mejor se guarda su sentir y sus vivencias.

El top 1 de la nula comunicación se le atribuye a la tecnología, tenemos más atención y dependencia a las redes sociales, chats y juegos electrónicos que físicamente nos reunimos alrededor de una mesa, una sala e incluso al televisor; y somos seres indiferentes con solo masa muscular. No me lo podrán negar, sentados en un mismo sillón, se mandan mensajitos para platicar.

Mamás tan enfrascadas en el chisme virtual que no tienen tiempo de jugar e interactuar con sus hijos, menos platicar, hijos enajenados en internet y juegos electrónicos, y papás cansados y fastidiados que lo que menos quieren es saber qué pasa con su familia. Esto con el tiempo hace individuos viviendo en una misma casa, acaso van a tener comunicación siendo extraños con la misma sangre.

Bueno no todo está perdido, siempre es un buen día para despertar del letargo, por eso en este artículo se propone en un primer momento reconocer las habilidades de comunicación interpersonal (empatizar, realizar preguntas precisas vs. generalizaciones, distorsión, omisión, ser positivo y recompensar, hacer y recibir críticas constructivas y saber dar instrucciones) con la que cuenta cada miembro de la familia. Para ello se recomienda plantearse tres preguntas: 1.- ¿Qué si hago?, 2.- ¿Qué no? Y 3.- ¿Qué soy?

Ayuda para esta introspección que papá y mamá cuestionen a sus hijos acerca de sus sentimientos, la importancia que tiene para ellos la tecnología y el dominio que ejerce en ellos las maquinas recargables; platicar con ellos de cómo son sus amigos y sus familias; de sus actividades favoritas y que los hacen sentir; en sus programas de televisión predilectos como son las familias; abordar de frente temas de violencia y sexualidad así como acordar reglamentos que cada uno desee que se haga el otro, cuando establezcan un momento de comunicación.

Tener presente la importancia de fomentar la afectividad, comunidad, cognición, persuasión, relaciones sociales y la negociación.

Cada miembro de la familia tiene una percepción diferente, para ello se aconseja en la convivencia diaria percibir en cuál se cataloga a cada miembro:

Visual: Entienden y recuerdan a través de las imágenes, visualizan, son atractivos, rápidos para hablar y escuchar.

Auditivo: Es organizado, metódico, conservador, cuidan su voz y es sensible a los ruidos, son mucho más creativos y con facilidad al diálogo interno.

Kinestésico: Es sensible, emotivo, extremo, muy paciente o muy explosivo, gusta por la comodidad física, con respiración lenta y profunda.

Una vez identificado como es cada hijo y papás, es momento de practicar el diálogo, para ello debemos de aprender el hábito de saber escuchar, compartir nuestro sentir y vivencias, tratar de entender e interactuar recíprocamente, centrarse en el crecimiento y desarrollo de la persona, estar alistados para saber enfrentar los cambios.

Los hábitos se logran practicándolos durante 27 días seguidos, así que hay que ser tenaces y pacientes, en este proceso de comunicación familiar.

No perdamos de vista que el tener una buena comunicación no significa hacer cada quien los que le haga feliz, los hijos y los papás necesitan límites, para ello se debe establecer que los padres son la autoridad y deben de señalar y respetar las normas con firmeza y decisión, no es no y punto. Cuando la autoridad es clara y firme, los hijos son seguros y felices.

Por último les dejo unos tips que les pueden ayudar a mejorar la comunicación familiar:

  • Buscar realizar una comunicación atractiva.

  • Saber con quién o quiénes competimos para ser escuchados como padres.

  • Establecer horarios y normas para el uso de aparatos de comunicación móvil y videojuegos.

  • Para comunicarse NO hace falta GRITAR.

  • El Grito no es sinónimo de autoridad.

  • Tener firmeza en las órdenes.

  • Saber que los medios de comunicación influyen en nuestro diálogo familiar

  • La comunicación asertiva me permite decir las cosas sin agredir de manera directa, que se entienda y sea clara, objetiva y precisa.

  • Cuidar no sólo lo que decimos, sino cómo lo decimos.

  • Comunicarse con los hijos, como lo harían con sus amigos.

  • Saber que la escucha es en ocasiones más importante que el habla.

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