Tocados por la mano de Dios en las Islas Marías


Pancho Valentino y El Wama

 


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+ ¨Pareciera que me estoy doblando pero no me quiebro¨, dice el ¨Ingeniero Maravilla¨ Jorge Díaz de León a FUERZA AGUASCALIENTES y nos cuenta hermosas anécdotas del ¨Padre Trampitas¨

+ La maldad humana puede ser doblegada cuando hay amor y se tiene a Dios en el corazón y eso fue lo que enseñó el ¨Padre Trampitas¨ a los asesinos más sanguinarios

La historia no tiene precio, ni puede cambiarse.Tampoco puede borrarse de golpe y menos de un plumazo. La historia es todo para un pueblo. Es su esencia, es lo que lo ha forjado. La historia tampoco se puede comprar. Se va haciendo al paso de los años, de los siglos.

Y de algunas anécdotas históricas nos hablatá hoy el ¨Ingeniero Maravilla¨, quien apenas el domingo reciente dejó el Hospital Moncel, en la ciudad de México, donde estuvo internado durante un par de semanas pues se le complicó algo la peligrosa enfermedad a la que está enfrentando desde hace dos años. Bonilla el bueno¨, nos dijo al llamarnos telefónicamente, me comunico contigo para que me hagas el favor a través de FUERZA AGUASCALIENTES de agredecerle a todos mis amigos de mi querida tierra el que se preocupen por mi salud y quiero decirles que parecería que ¨me estoy doblando pero no me quiebro¨, aquí estoy ¨vivito y coleando¨ hasta que Dios me lo permita y mientras tanto tengan la seguridad de que seguiré dándoles lata, nos dijo. Y como tú fuiste uno de mis invitados en agosto de 1996 a las Islas Marías, junto con los ingenieros Ricardo Magdaleno y mi querido ¨Pepón¨ Macías Peña ¨que en paz no descanse¨, hoy quiero contarles sobre algunos episodios que protagonizó nuestro querido paisano, José Manuel Martínez Macías, el inolvidable ¨Padre Trampitas¨ que fue un ser enviado por Dios y que puedo asegurar, como Gobernador la historia de Juan Manuel Martínez Macías es por demás enternecedora y estrujante a la vez. Fue, nos dice el ¨Ingeniero Maravilla¨ la muestra viva de que Dios está presente y nunca deja de su mano a la humanidad. Hijo de Juan Martínez y Simona Macías, con dos hermanas, María Guadalupe y Petrita -que luego se convertiría en monja-, Juan Manuel fue un muchacho tremendamente conflictivo que dio infinidad de dolores de cabeza y fue causa de profundas penas para su familia.

Era, como lo son hoy, lamentablemente, muchos jovencitos, un auténtico rebelde, un joven que estaba contra todo y contra todos.

Y lo que son las cosas, quien luego sería conocido como "El Padre Trampitas" tuvo un odio feroz contra la Iglesia Católica, llegando a apedrear a los curas, escupiendo los templos y tratando de causarles destrozos. Era tal su odio que no dudó en apoyar al Ejército durante la Guerra Cristera, significándose como un perseguidor feroz de los curas. Cuentan sus familiares, que en una ocasión su atrevimiento llegó a tal extremo que trató de destruir la Catedral de esta ciudad. Y eso fue lo que vino a transformarlo radicalmente. Todo esto cuenta a FUERZA AGUASCALIENTES el ingeniero Díaz de León, causaba profundo dolor a su familia y fue así que en 1930, el 2 de febrero, Juan Manuel llegó a su casa y encontró rezando a su mamá Simona, lo que le molestó de sobremanera, más cuando iba a interrumpirla a gritos, escuchó como la señora le pedía perdón a Dios por los pecados de su hijo y le demandaba fuerza para seguir soportando sus maldades.

Y es que doña Simona había encontrado papeles en la habitación de su hijo, en donde se dio cuenta que, en complicidad con otros sujetos, el día 11 de ese mes habrían de colocar una bomba para destruir la Catedral.

Querían volarla ya que su odio por la Iglesia era inmenso. Ver a su madre tan llorosa, suplicando el perdón de Dios fue algo terrible para Juan Manuel. Nunca se imaginó que su madre, lo que más quería en vida, sufriera tanto por sus acciones. Se acercó a ella, la levantó, pues estaba de rodillas y le dijo: Madre, por este Cristo que tienes ante tí, te pido que me perdones y te juro que voy a cambiar. Voy a entregarme por completo al Cristo del perdón, si te lo cumplo que esta imagen me bendiga, si no es así, entonces que me maldiga por toda la eternidad-. "Para qué quieres la vida, Juan Manuel, si no la das por Cristo", le respondió entonces su madre. Fue así que, teniendo 30 años supo cuál sería su destino. Ingresó al Seminario, que en aquel entonces se ubicaba en lo que hoy es el Hotel Gran Alameda y de ahí se trasladaría años después a otro de Texas en donde se ordenó sacerdote. Dice el ¨Ingeniero Maravilla¨ que cuando iba a ingresar al Seminario sus amigos no le creían y le decían que lo haría porque quería robar el dinero que reunían los seminaristas.


Habiendo sido un muchacho sumamente conflictivo, Juan Manuel Martínez Macías decidió que para pagar sus culpas haría su ministerio en las cárceles, con la gente más conflictiva y al mismo tiempo la más desprotegida. Si ofendí tanto a Dios, si hice sufrir tanto a mi familia, tengo que pagarlo. Si yo he podido enmendar el camino, Dios me está guiando para ayudar a otros para que lo puedan hacer, decía siempre Juan Manuel. Y fue entonces cuando comenzó a forjarse una leyenda de amor y de bondad. Su vida la ofrendó a redimir a los internos de las cárceles. Primero las de la Sierra Tarahumara, las del sureste, en Puebla, la de Santa Martha Acatitla en México y luego las Islas Marías. Siempre eligió lo más difícil, nunca quiso la comodidad de un templo en un pueblo o una ciudad. Era su forma de querer pagarle a Dios todas sus ofensas que se fue por voluntad propia a las Islas, en donde se convirtió en el único hombre que pudo transformar en seres pacíficos y productivos a feroces asesinos.

PANCHO VALENTINO, EL ¨MATACURAS¨

El primer luchador asesino en México fue Pancho Valentino. Ídolo de las multitudes, Pancho Valentino era un hombre muy guapo, quien siempre subía al ring disfrazado de torero. La gente lo aclamaba cuando se medía con algunos de los luchadores más famosos de aquellos tiempos. Se destacaba además como bailarín En octubre de 1950 comenzó su carrera delictiva cortando el rostro de una bailarina francesa con una navaja. Tras el ataque a la mujer, le retiraron la licencia de luchador profesional. Solamente su popularidad impidió que fuera encarcelado. Pero la caída de Valentino solamente sirvió para que se dedicara de lleno a delinquir. Pasarían siete años en los cuáles el luchador trató de ganarse la vida a costa de su antigua fama, sin conseguirlo. Poco tardó en relacionarse con el torero Ricardo Barbosa Ramírez “El Novillero”, quien acostumbraba frecuentar a un amigo sacerdote con quien pasaba largas horas hablando de toros. Inclusive había ido a varias corridas con el párroco. Junto con otros dos cómplices, el torero y el luchador planearon su crimen. El jueves 10 de enero de 1957, Pancho Valentino y sus tres cómplices fueron a la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, ubicada en la calle Chiapas número 107 de la Colonia Roma, en la Ciudad de México. Una vez allí, le dieron carne envenenada a un perro negro que cuidaba la propiedad. Cuando el can murió, entraron al templo. Allí sorprendieron al padre Juan Fullana Taberner, el amigo del torero, a quien de inmediato atacaron. Exigían saber dónde estaba el dinero de las limosnas.

Lo llevaron a su recámara, donde Valentino lo ató. Los demás comenzaron a golpearlo. El sacerdote no tenía dinero y así se los hizo saber, pero ellos siguieron golpeando al anciano. Registraron todo el cuarto, pero no encontraron más que unas pocas monedas. Luego se robaron unos cálices y algunos otros objetos de la iglesia. Pancho Valentino regresó entonces a matar a golpes al párroco y lo dejó tirado, aún atado, en su recámara. Huyeron de allí con el botín. Pancho Valentino se escapó hacia el norte del país. Cuando la policía descubrió el homicidio, rastreó a los cómplices a causa de unas gafas que habían quedado tiradas en la escena del crimen. El rastro los llevó hasta Valentino, quien se convirtió en un fugitivo. Pasaron semanas hasta que finalmente fue detenido en Tampico, Tamaulipas. Junto con sus cómplices fue sentenciado a veinte años de prisión e ingresado en el penal de Lecumberri. En prisión, Pancho Valentino siguió entrenando y comenzó a enseñarle lucha libre a los otros presos. Pero eso terminó cuando descubrieron que se había estado robando trozos de sábanas con las que había formado una cuerda para poder escapar de la cárcel, y que las clases de lucha libre solamente servían para que sus cómplices en la fuga tuvieran buena condición física, por lo tanto no quedó de otra más que enviarlo a las entonces temibles Islas Marías.

Allí dice a FUERZA AGUASCALIENTES el ¨Ingeniero Maravilla¨ surgiría una bella historia que le dio la vuelta al mundo entero y que protagonizó el "Padre Trampitas" con Pancho Valentino. Fue confinado a las Islas por sus múltiples crímenes, entre ellos el de un sacerdote en la Colonia Roma de la ciudad de México. Al llegar saludó al Padre de la siguiente manera: "Yo soy Pancho Valentino, el Matacuras". -Pues mira, -le contestó-, yo soy el Padre Trampitas, el que mata a los Matacuras y no te me enchueques porque te lleva la ching...- Esas palabrotas, dice sonriendo Jorge Díaz de León, en las Islas no suenan mal, son el pan de cada día y por lo tanto el Padre tenía que hacerse al molde o de lo contrario dejaría ver que lo intimidaban. Por muchos años el Padre y Pancho Valentino no se hablaron. Pasaba junto a él, lo saludaba y como respuesta tenía un escupitajo y una mirada asesina. Una vez se le acercó y le preguntó si era cierto que descendía de una familia judía. -¿Y qué, te duele si así fuera-, le contestó agresivo el Padre. "No, no se me amosque Padre, es una simple pregunta porque yo quiero mucho a los judíos".


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-Entonces quiéreme-, le contestó. De ahí en adelante Valentino comenzó a acudir a misa. Le regaló varios cuadros religiosos con emotivas dedicatorias y el Padre creyó que había cambiado, sin embargo sólo lo estaba engañando, pretendía hacerlo su amigo para cumplir lo que había prometido, matarlo y despedazarlo. Un colono le advirtió a Trampitas lo que Valentino pretendía y le dijo que se cuidara. Pancho quiere matarlo, anoche me invitó para que lo liquidáramos, le dijo. Un 2 de enero, ya muy entrada la noche, Valentino tocó fuertemente a la puerta del "Trampitas". "Buenas noches Padre, ¿alguien más está con nosotros?, le preguntó. -Dios es el único que nos acompaña-, le dijo.

Cerró la puerta y el Padre creyó que le había llegado su hora. "Vamos al Sagrario, le dijo fuerte y secamente". Contaba que nunca sintió miedo. Sintió gozo porque una cosa le había pedido fervientemente a Dios, morir en las Islas Marías y que su tumba se levantara entre las de sus compañeros que seguramente se habían ido al Cielo.

-Te prometo Dios mío que no meteré las manos, acógeme en tu santo seno, toma mi sangre, mi vida para la salvación de todos los prisioneros actuales y los que vengan en el futuro. No tiene valor mi sangre pero tú se lo darías-, dijo entonces el Padre. Llegaron al Sagrario y le dijo: -Ya estamos aquí Pancho, ¿qué quieres? Se le quedó mirando fijamente y a "Trampitas" se le vino a la mente cómo había descuartizado al padre de la Colonia Roma. -Mira Pancho, qué es lo que quieres-. "Enséñeme a rezar como usted dice", le contestó y soltó una carcajada siniestra y burlesca. -No Pancho, ya sé a lo que vienes y no me voy a oponer a nada, me siento en la gloria porque estoy frente a la imagen de la Virgen. Lo que haz de hacer hazlo pronto-. Lo miró y luego volteó a ver a la Virgen. Ahí cambió la expresión de su rostro y dirigiéndose a la imagen le dijo:

"Madre de Dios, ayúdame". Luego se fue contra el Sagrario, lo golpeaba y recordaba, llorando, cómo hacía diez años había dado muerte a otro sacerdote. "Mátame si quieres Señor, pero perdóname" clamaba Pancho Valentino. Aquel hombre, agrega el ¨Ingeniero Maravilla¨, no lloraba, bramaba, rugía como un león herido por la saeta del Espíritu Santo. "Mátame si quieres Señor, pero perdóname", era su grito. "Trampitas" entonces también cayó de rodillas. Esperaba la muerte y se encontró con el abismo de misericordia. -Señor mío, tú no desprecies el corazón bendito y humillado, acuérdate también de aquella vez en que yo fui tu perseguidor y te juré seguir delante de mi madre, acuérdate Señor-, decía el Padre. Ahí sintió que tocó la gloria. Al día siguiente fue a comulgar y uno de los presos le dijo: "Padre, hoy sonaron las campanas gordas en el cielo porque comulgó Pancho Valentino". Y el Padre le contestó: -Si hubieras estado aquí anoche hubieras escuchado los sonoros bronces del reino de los cielos tocando alegría por un pecador que se arrepintió-.

Desde entonces Pancho Valentino fue el primero en acudir a misa, siempre de rodillas, nunca quiso sentarse porque sólo así, decía, merecía estar delante de Dios. Y cuando iba a confesarse siempre le pedía una "enjuagadita". Y desde entonces, aquel ser sanguinario que siempre renegaba del trabajo bestial, lo hacía gustoso y lo pedía porque decía que sólo así podría lograr el perdón por todos sus crímenes. Afirmaba que su dolor físico se lo dedicaba a Dios por todos los que sufrían en el mundo. "Desde que conozco a Cristo ya no hay sufrimiento para mí", decía Pancho Valentino a quienes querían escucharlo. Por su dedicación al trabajo se ganó el apodo de "El Loco".

Hizo entonces una enorme cruz de cedro negro que pesaba 75 kilos. Los viernes la cargaba y subía a un cerro para autocastigarse. Luego en bicicleta recorría con su cruz a cuestas, los 60 kilómetros de la Isla. Ya para entonces sufría ataques epilépticos y murió la noche de un 24 de octubre, víctima de uno de ellos, se le vino la cena y se ahogó. Le faltaban un par de años para cumplir su sentencia. Su conversión fue un milagro y no llegó solo, refiere el ingeniero Jorge Díaz de León. Aquel interno que le dijo a "Trampitas" que habían sonado las campanas gordas en el cielo porque había comulgado Pancho Valentino, con 46 años de edad y 18 en las Islas Marías terminó por hacerse sacerdote y todavía hace unos años estaba desempeñando su apostolado en Mazatlán.

EL WAMA

Con el ¨Ingeniero Maravilla¨ platicamos casi hora y media telefónicamente y al estar refiéndonos algunos pasajes de la vida del ¨Padre Trampitas¨ y de Pancho Valentino, cómo no recordar cuando nos llevó a las Islas Marías en donde nos hospedó nada menos que en el ¨Wama Hilton¨, ¿y porqué ese nombre?, le preguntamos. a lo verán, cuando estén allá se van a dar cuenta porqué, nos dijo ese entonces con una gran carcajada que a todos nos dejó sorprendidos y en ascuas. Dejamos, Ricardo Magdaleno, el ¨Pepón¨ Macías Peña y yo la Casa del Gobernador y abordamos un jeep que nos llevó hasta lo alto de un gigantesco acantilado en donde estaba una pequeña pero agradable casa justo arriba de un precipicio que iba a dar directamente a un mar embravecido. Salió a recibirnos una persona ya de cierta edad que muy amable nos dio la bienvenida, nos ayudó con nuestro equipaje y nos dijo ¨bienvenidos al Wama Hilton¨

Y otra vez yo fui el que pregunté: perdone pero ¿porqué Wama Hilton? Bueno porque mi nombre es Jorge Hernández Castillo, alias ¨El Wama¨ y soy el que atiende a los esporádicos visitantes que recibimos. Hasta allí la cosa iba bien porque no sabíamos que había hecho ¨El Wama¨ para estar confinado en las Islas Marías. Luego de que nos alojó en nuestras habitaciones no olvidamos nuestro espíritu de periodista y le preguntamos si podíamos dialogar un poco para que nos dijera el porqué estaba recluido en Islas Marías, lo que aceptó de inmediato y hasta nos preparó un café. Para entonces deberían ser las dos de la mañana y nuestra plática se escuchaba perfectamente por lo que Ricardo Magdaleno y ¨El Pepón¨ salieron de su habitación y dijeron: ¨Oye Bonilla ya casi amanece, te la haz pasado todo el día entrevistando a los internos y todavía a esta hora de la madrugada sigues de latoso, mejor ya bájale y metete a descansar ándale ya no le hagas tanto al cuento¨.


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¨El Wama¨ me dijo entonces, ¨si usted quiere podemos bajar a la cocina y allí platicamos¨, algo que me dio mucho gusto y claro que acepté sin imaginar el susto, la impresión y la emotiva historia que estaba a punto de conocer. Bajamos pronunciadas escaleras hasta que llegamos a la cocina, ubicada junto al mar embravecido y mientras lo hacíamos ¨El Wama¨ nos dijo que ya llevaba más de 46 años en las Islas Marías y todo porque hasta había perdido la cuenta de cuántas personas había matado a cuchilladas en la ciudad de México en donde era un hampón y un vicioso perdido. Eso nos asustó y más cuando llegamos a la cocina que era golpeada por el oleaje y más cuando nos dijo que allí no había luz eléctrica por lo que tendría que encender un quinqué y cuando lo hizo nos llevamos la tremenda sorpresa de que en las paredes había colgado muchos cuchillos y entonces pensamos en las personas a las que había dado muerte a cuchilladas y pensamos ¿Dios mío y que tal si nos mata?

Me imagino que se dio cuenta de cómo quedamos impresionados y me dijo con una sonrisa: ¨cálmese mi amigo, de eso ya pasaron muchísimos años y gracias al ¨Padre Trampitas¨ que me hizo encontrarme con Dios he enmendado el camino y ahora soy hasta el consejero o psicólogo si usted lo quiere ver así, de los internos más peligrosos y creo que soy bueno porque a todos he logrado ¨meterlos al redil¨. ¨El Wama¨ nos dijo que ya tenía 46 años en las Islas Marías y aunque su familia lo había abandonado y desde hace varias décadas había dejarlo de visitar, él todavía estaba esperando que ¨alguien traiga la llave para salir de esta prisión y espero que ese alguien sea usted¨, nos dijo. Jorge Hernández Castillo nos contó que conoció la cárcel cuando tenía 20 años y cuando lo entrevistamos tenía 66.

Yo fui acusado por un homicidio que no cometí en 1958", nos dijo. "Me agarraron, me catearon y, a base de golpes, firmé que yo maté a Pancho Villa, a Trosky y hasta Stalin", nos dijo con una sonrisa dejándonos ver su boca desdentada. Oriundo de la colonia Romita, fue encarcelado en Lecumberri, donde "el ambiente en ese entonces era de vicio y perdición. Me absorbió el medio ambiente, cometí varios asesinatos y me volví heroinómano. Aquí están la huellas" y nos mostró sus brazos envejecidos y morenos, cubiertos de cicatrices. ¨El Wama¨ consumió heroína durante 16 años, y durante ese tiempo, dice, se echaba la culpa de delitos a cambio de droga. "Si alguien dentro de la cárcel cometía un ilícito o un asesinato, yo le decía: ‘me echo la bronca a cambio de una dosis’". "Llegué a acumular una sentencia de 99 años con ocho meses. Por problemas que no eran míos de tal suerte que no me importaba nada con tal de lograr la droga que necesitaba, por lo que ya ni recuerdo de cuántos crímenes me condenaron, muchos de los cuales no los cometí, otros sí, pero todo por mi vicio".

Cuando cumplió los 36 años de edad dejó la heroína.

Me cambiaban constantemente de prisión porque en todas siempre me echaba la culpa de los crímenes por lo que terminaron por enviarme a las Islas Marías en donde conocí al ¨Padre Trampitas¨ que fue el hombre que me transformó y me hizo ver que Dios estaba conmigo. "Desde entonces ya no tuve procesos, ya no tuve broncas, ya no tuve llamadas de atención y con el paso del tiempo me convertí en ayudante del ¨Padre Trampitas¨ y hace unos años me la dieron de psicólogo y luego me hicieron cargo del "Wama Hilton¨. Desde hace mucho varios directores y luego Gobernadores de Islas Marías e inclusive el ingeniero Jorge Díaz de León han intercedido por mí solicitando mi indulto a varios Presidentes de la República, sin embargo no se me ha concedido, por eso nos dijo ¨aquí estoy esperando a alguien que traiga la llave para liberarme de este suplicio y poder terminar mis días en el mazo continental y le ruego a Dios que usted, nos dijo, sea el que traiga esa llave o la consiga¨.

Al representante de FUERZA AGUASCALIENTES ¨El Wama¨ dijo que ya llevaba 20 años de buena conducta. Ahora ya ni fumo y pertenezco a Narcóticos Anónimos y aunque me siento contento con las tareas que se me han encomendado, sobre todo desde que estoy al frente del ¨Wama Hilton¨ quisiera recuperar la libertad para ir a morir a mi tierra¨. Por lo poco que sé pues me desligué ya hace algunos lustros de las Islas Marías cuando dejé de ser su Gobernador, nos dijo el ingeniero Jorge Díaz de León, al parecer ¨El Wama¨ dejó de existir desde hace algunos años y al igual que muchos otros está sepultado casi junto a la tumba de su guía espiritual, el querido e inolvidable ¨Padre Trampitas¨. Y bueno ¨Bonilla el bueno¨ por ahora creo que te he dado material para tu FUERZA AGUASCALIENTES y te he hecho recordar cuando los tuve como huéspedes, a Ricardo Magdaleno, al ¨Pepón¨ Macías Peña ¨que en paz no descanse¨ y a ti, sin embargo aún quedan muchas historias por contar de las Islas Marías y de otras de mis aventuras, por lo que en los próximos días volveré a comunicarme contigo y te voy a dar material que estoy plenamente seguro que gustará a tus lectores, mientras tanto a cuidarnos y que Dios nos proteja, nos dijo.

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