Al senecto todo el amor y admiración


¡Felicidades abuelitos!

 

* Hoy y siempre hay que querer a nuestros senectos, porque por ellos nacimos, por ellos vivimos y han sido ellos con su esfuerzo, por más simple que parezca, los que en unidad, han construido lo que es Aguascalientes

La sociedad celebró ayer el Día del Abuelo, del Senecto.

Un festejo que realmente tiene poco tiempo, pero que ya está dejando huella.

Es como una semilla que se está sembrando y que con el paso del tiempo habrá de dar sus frutos.

Es un esfuerzo, pero también un reconocimiento a nuestros senectos.

En una sociedad como la de Aguascalientes, que siempre se ha distinguido por su fraternidad y por ser tierra de gente buena, el senecto recibe el tributo de cariño y admiración que se merece. Se celebraró el Día del Abuelo en el marco de los eventos en honor a los senectos, sin embargo en FUERZA AGUASCALIENTES creemos firmemente que no debería ser un día ni una semana, debería ser siempre, porque nuestros ancianitos son algo de lo más bello que nos da la vida. Son nuestra esencia, son la bondad en persona, la ternura, y sin embargo, la generación del nuevo siglo no lo ha dimensionado y pareciera que les estorban. Lamentablemente se desperdicia en un rincón toda la sabiduría de los viejos. Claro que hay muchas familias que ven en sus senectos a los grandes hombres de la casa, a los seres que trajeron al mundo a nuestros padres, a esos hombres cuyo rostro está arrugado al igual que sus manos, a esos que ya no tienen pelo o está tapizado con la pátina del tiempo, pero que siguen teniendo deseos, ilusiones de vivir, de sentirse útiles, de transmitir el amor que atesoran en su corazón. Y sin embargo debemos admitir que lamentablemente no todos son así, hay muchos que tratan mal a los senectos y las nuevas generaciones ya no se acuerdan de ellos, los ven como un estorbo. La sociedad de hoy en día, esa que presume del modernismo de la computación, la cibernética y tantos avances, tiene tal orgullo que cree que el anciano es sólo un estorbo y lo abandona desperdiciando su experiencia y lo mucho que han aprendido aún de sus propios errores, si aprendiéramos a escucharlos estos errores no se repetirían. Afortunadamente en Aguascalientes, todavía hay mucha gente generosa, no en la cantidad que todos quisiéramos pero sí la hay. Las "gotitas de amor", como ya en alguna ocasión lo dijéramos en FUERZA AGUASCALIENTES, son muchas y debemos pugnar porque se conviertan en chubasco. Nunca será tarde para abrir el corazón hacia los demás, brindémonos hacia los que menos tienen, pero no sólo en esta época, hagámoslo todo el año. Y hagámoslo desinteresadamente, démosles amor y rechacemos a los que buscan lucrar con ellos. Este 28 de agosto, fecha en que se festejó el Día del Abuelo, es para muchos un pretexto más para comercializar una imagen y forzar actitudes. Nuestros ancianos merecen mucho más que un día.

Al senecto se le tiene que ver con admiración. Con respeto, con amor... con cariño, con veneración. Basta recordar cómo las antiguas civilizaciones hablaban de los Consejos de Ancianos, un grupo de individuos que por su experiencia se encargaban de guiar u opinar en relación a los que conducían los destinos de un país determinado o de un grupo étnico determinado. Ese Consejo de Ancianos sugería, guiaba, era propositivo y por su sabiduría era venerado.


Es a nuestros senectos a los que se tiene que entregar mayores espacios de reconocimiento, de atención más que nada.

Hoy lamentablemente vemos cómo los jubilados vagan, deambulan como perdidos en un tiempo y espacio que ya no es de ellos.

Hoy también vemos que ya se acabaron aquellas actitudes cívicas que en la escuela se nos daba, de ceder las calles y las banquetas para que pasaran, de ceder el asiento en los camiones. Hoy, es triste decirlo, ya casi nadie quiere atenderlos, no nos preocupamos por ellos, ni pareciera importarnos que el final de sus días sea si no glorioso sí significativo. Hoy lamentablemente el senecto pareciera ser un trasto inútil, algo que estorba, cuando que todos deberíamos hacerlos sentir útiles, con relación a su experiencia, de la cual se debe tomar lo mejor porque los tiempos idos no son iguales a los actuales. Y es que aunque duela decirlo, la sociedad ha perdido la noción de Dios, el cristiano no está viviendo como cristiano, la mayoría se está dejando invadir por el egoísmo, no se están aceptando las parejas, no se están queriendo de verdad, porque son muy egoístas y primero están cada uno de ellos y después el otro. En tanto persista el egoísmo existe el riesgo de que los hijos no escuchen el llamado de Dios. Si la sociedad infundiera realmente el amor a sus semejantes todo cambiaría. No habría asilos, no habría niños de la calle que son la vergüenza de la sociedad. Nadie entiende por qué hay niños de la calle, porque si los hijos sólo se abandonan porque no les sirven, entonces se ha perdido el espíritu de dar la vida por sus hijos. Lamentablemente hoy se multiplican los asilos pero no para enviarlos como una forma de que tengan una vida mejor, sino para dejarlos olvidados, porque los consideramos un estorbo en nuestra vida y los arrumbamos cual objeto inservible, situación que no debería permitirse en esta sociedad modernista que se presume del nuevo milenio.

Los hijos y las familias en el peor de los casos, los mandan a la calle y viven su miseria a través de la limosna y claro que causa dolor al verlos tras un carrito de paletas o con su canasta de semillas tratando de sobrevivir y ganarse la vida, porque todavía hay muchos que trabajan en lugares donde hay jóvenes para sostenerse y formar parte del sustento familiar.

Hoy en esta generación del materialismo se ha perdido el cariño, el agradecimiento y el respeto, con ese tipo de paternidad dejando a la familia desprotegida. Nuestras leyes y ordenamientos jurídicos deberían actualizarse, para llevar a un grupo de gente que obligue a mimar, querer, cuidar a los ancianos y llevarlos de la mano de una forma decorosa reconociendo todo lo que aportaron a una sociedad y una familia, de tal forma que el final de sus días lo transcurran sin la agobiante sombra de la necesidad, de las carencias, de la falta de afecto y reconocimiento. Esta era de la globalización ha terminado con los valores y el amor a los ancianos, ha minado la fraternidad que distinguió al Aguascalientes de hace algunos años. Este materialismo que impera en la sociedad, tiene muchos patrones y así vemos cómo se materializa en función de ser bombardeada para obligar a la gente a tener lo mejor para vivir mejor, eso es difuso, es complejo.


El gobierno es injusto al igual que la sociedad con nuestros senectos. Estamos hablando del problema de pensiones y eso quiere decir que nos preocupa más el dinero que no va a alcanzar para ellos, que preocuparnos por ellos en sí. El valor de la vida se está depreciando, en cada una de las noticias se está observando que la preocupación de las autoridades es por el objeto pasando a un segundo término las personas. La vida no es tasable, pero para muchos ha pasado de largo ese valor, como consecuencia es invaluable, nosotros tenemos que recapacitar, reconfortar a los ancianos. Cada uno de nuestros ancianos aportó con su esfuerzo y su trabajo a lograr todo lo que hoy somos, nos legaron tradiciones y cosas materiales. Hoy las personas de la tercera edad sufren una depresión constante por el sentimiento de la soledad, propiciado por la insensibilidad y la falta de cultura y respeto de la familia y la sociedad hacia los abuelos. Actualmente más de 800 ancianos se encuentran recluidos en Aguascalientes en al menos diez asilos, otros viven en las calles en una situación de indigencia, 12 mil más participan en los clubes de la tercera edad, pero muchas familias siguen considerando a los ancianos como un estorbo y una carga económica, cayendo en hechos de explotación, maltrato, abuso y abandono. Es necesario contrarrestar esa cultura de rechazo y sacarlo del -cuarto de los telebrejos- hacia la sala del hogar. Hoy más que nunca se hace necesario despertar la conciencia de la familia, porque sólo así se podrá brindar el amor que tanto están necesitando los senectos. Habrá que recordar lo que dice un refrán: "Los jóvenes de hoy serán los viejos del mañana". Un Asilo de Ancianos, cualquiera que sea, con todo el amor que se prodigue a los senectos, es una llamada de atención para la sociedad. Su existencia debe hacerle pensar que como seres humanos tenemos que aprender a amar, porque eso es precisamente lo que falta al mundo materialista de hoy. Falta el verdadero amor a Dios y a sus semejantes, empezando con los padres, si se tuviera ese amor no sería necesario un Asilo sino sólo en condición de pérdida de familia o situación de hiperpobreza que se tienen. Los que se desprenden de los ancianitos no es por necesidad porque sí podrían mantenerlos, sólo que si no hay amor hay egoísmo. En nuestro corazón debería haber amor filial, paternal, maternal, pero en los hijos por diferentes razones, porque no se les dio una verdadera educación, los dejan allí, muchos padres que nunca quisieron ser padres y no tienen familia y allí quedaron solos. Están pagando la consecuencia de una mala educación cristiana. En FUERZA AGUASCALIENTES creemos que eso debe acabar y que ya es tiempo de que el anciano deje de ser relegado y casi hasta satanizado por la sociedad. Es lo que no debería ser. La sociedad es muy cruel y tiene que cambiar.

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