A 20 años de una visita inolvidable


Islas Marías, prisión con muros de agua

 

+ Tres años fueron pocos pero entonces avanzamos como nadie en la readaptación de los reos, asegura Jorge Díaz de León

+ La ¨Tumba del Pacífico¨ fue transformada y dejó de provocar miedo para convertirse en un paradisíaco centro de trabajo

En el Archipiélago de las Marías, en el Pacífico mexicano, funciona un penal singular, conocido como Islas Marías.Así el penal de las Islas Marías fue conocido durante muchos años como la ¨Prisión con Muros de Agua¨ y claro que era el lugar más temido por los presos. Un lugar que fuera reconocido como por los propios reos como la "Tumba del Pacífico" y citado en algún momento por José Revueltas como "los muros de agua".Como prisión comenzó a funcionar como colonia penal en 1905, mediante decreto del presidente Porfirio Díaz, y cuyo objetivo fuera el desconcentrar a la población de la prisión federal de San Juan de Ulúa, Veracruz. Recinto reservado originalmente para los reos más peligrosos así como para los presos políticos. Se han cumplido en este mes 20 años de que por primera vez en más de 30 años un reportero, éste servidor, pudo llegar hasta las Islas Marías para hacer una serie de reportajes para radio y periódico de Aguascalientes y por tal motivo contactamos en México al hombre que nos permitió cumplir con esta inolvidable misión, el ingeniero Jorge Díaz de León. Y de inmediato nos recordó que durante mucho tiempo, estas Islas fueron adquiriendo fama, siendo el espacio más temido, en buena parte por las salinas en dónde los presos trabajaban a marchas forzadas, y que muchas vidas llegó a cobrar. Es este espacio, alejado del mundo, en un lugar donde el silencio y la soledad se conjuntaban, y cuyos barrotes lo constituyen el mismo mar de aguas heladas infestadas de tiburones y de fuertes corrientes circulares que evitan salir de su perímetro, los criminales que desde el principio habitaron la isla, encontraron un lugar invulnerable. Era, sin más, el más encrespado de los infiernos que arrebataba la voluntad, la esperanza y dignidad elemental de cualquier hombre. Esas Islas que con gran miedo eran citadas como el basurero, pueden ser ahora la esperanza del mundo, pues con el tiempo su concepto lo cambiamos y aprovechando el ambiente y las condiciones existentes, se decidió modificar la metodología existente, permitiendo un verdadero proceso de transformación que ofrezca a los presos que en ellas se hallen la posibilidad de encontrar una oportunidad diferente para reivindicarse. Pero no cualquiera entra a ese sitio, dice a FUERZA AGUASCALIENTES el ¨Ingeniero Maravilla¨ Jorge Díaz de León quien luego de terminar aquí su gestión al frente de la CODAGEA, la que fundó, durante tres años fungió como Coordinador General del Archipiélago de las Islas Marías. Ayer sostuvo con este diario una larguísima conversación telefónica y desde la ciudad de México dijo estar orgulloso por haber tratado de darle un nuevo perfil a la readaptación de los colonos.

Tres años al frente de la Coordinación no fueron suficientes, sin embargo con el apoyo de la Iniciativa Privada de Aguascalientes y de otras partes del país, demostré que es posible transformar un mundo de odio y maldad por uno de amor y confianza. Lamentablemente sólo fueron tres años y pensé que iban a seguir con mi proyecto, lo que no ocurrió así por lo que ante el crecimiento de la delincuencia organizada se decidió volver a los orígenes de tal suerte que hoy las Islas nuevamente están atestadas de internos y se dejó casi abandonado mi proyecto. Jorge Díaz de León, todo un personaje de los arquitectos, del servicio público y de la política dijo a FUERZA AGUASCALIENTES que indudablemente una de sus experiencias de vida más maravilloso fue el de haber dirigido el destino de lo que llegó a ser un verdadero infierno para sus habitantes. Ahorita, advirtió, me estoy preparando para la Convención de Agronomía que tenemos el viernes en donde se elegirá a la nueva directiva del Colegio Nacional de Agrónomos, pero con gusto hago un paréntesis y puedo presumir, nos dijo, que con el apoyo de la IP logramos, por tres años, un avance impresionante que nos tuvo como ejemplo a nivel mundial para la readaptación de los reos. Cuando pusimos en marcha nuestro proyecto no cualquiera llegaba a ese sitio e impusimos nuestras condiciones y una de ellas era que los colonos de las Islas ya fueron sentenciados y están cumpliendo sus condenas. Para poder ingresar actualmente a esta prisión, es necesario cumplir varios requisitos, entre los que destacan que el reo no haya sido sentenciado por crimen organizado, secuestro o delitos sexuales, es decir, que tenga un bajo perfil delincuencial.


Que tengan un perfil socioeconómicamente bajo o medio, que haya mostrado un buen comportamiento en su penal de origen, que no sea adicto a las drogas, que tenga entre 20 a 50 años de edad. Que esté condenado con un máximo de 15 años de castigo y que no sea discapacitado además de estar sano tanto física como mentalmente. Cuando estuve como Coordinador General llegó a tener más de 5 mil internos con sus familiares. Esa es una de sus singularidades: su capacidad. Sumándoles a los empleados, han llegado a vivir allí poco más de 10 mil personas. En el año 2004 lo empezamos con sólo 200 presos comunes y 779 federales. Alguien que participó en Rusia en un encuentro internacional de Pastoral Penitenciaria me confirmó que este penal es considerado una experiencia única en el mundo, por ser la única colonia penal que ofrece, por su misma estructura, oportunidades objetivas para la rehabilitación social. Por ser la única en la que el énfasis está auténticamente puesto en la rehabilitación y no en el castigo. Son 14 los campamentos de los internos en la isla María Madre, de 140 kilómetros cuadrados. Desde los campamentos emplazados al sur-suroeste de la isla se ve, casi al alcance de la mano, la isla María Magdalena, de 84 kilómetros cuadrados. Cuando está claro aparece, algo más al sur, la sombra de la pequeña isla María Cleofas, de menos de 30 kilómetros cuadrados.,También hubo internos en María Magdalena, pero desde hace muchos años están todos reunidos en María Madre, la mayor de las cuatro islas del Archipiélago. Se rumora -y allí los rumores son una profesión- que algunos desaparecidos están enterrados en las otras tres islas, ahora desiertas y refugio de pescadores furtivos y de narcotraficantes. Luego el ¨Ingeniero Maravilla¨ dice a FUERZA AGUASCALIENTES que las Islas Marías, como cualquier prisión en el mundo, es un muestrario de la realidad de cómo está compuesto el mundo criminal del país en un momento dado. Actualmente, en ese penal se sabe que el 70% de su población está integrada por traficantes, 15% por asesinos y un 15% por ladrones. El penal está organizado en 14 campamentos en donde los presos viven y trabajan en las granjas agrícolas o ganaderas, o bien, en dónde se les solicite. Dicha colonia penal se presenta como una Cárcel sin Rejas que cuenta con todos los servicios, desde centro de salud, iglesia, biblioteca, escuela para los hijos de los presos, por citar algunos de ellos. Por obviedad, ningún barco tiene permiso para acercarse a más de 12 millas náuticas y el archipiélago esta salvaguardado por más de 130 efectivos de la Secretaría de Marina, pero que no interactúan con los internos ni tampoco atañen a su vigilancia, delegando esta labor al personal administrativo de la Isla y a los custodios.,


El preso que llega de una cárcel en donde se encuentra hacinado, en medio de cuatro paredes, donde su horizonte visual sólo son barrotes o ladrillos, en un espacio donde el color predominante es tan sólo el gris, de repente se encuentra en un lugar donde está en contacto con la naturaleza, y en donde puede vislumbrar el cielo estrellado de la noche y el color azul del cielo y el mar que se entre tocan, al mismo tiempo de escuchar las voces de la naturaleza representados por la fauna y vislumbrar de nuevo los colores de una flora que durante tiempo estuvo sólo en su recuerdo, pero mucho más allá de esto, el preso al llegar se le brinda ese extraño sabor de sentir de nuevo su libertad, que si bien sigue reglamentada y, aún así, debe pasar lista durante tres veces al día, halla en esto una experiencia que difícilmente puede ya de ella desprenderse. Es hablar con Dios... con un Dios que se expresa de frente a él y que posiblemente el preso ya se había olvidado de reconocerlo. No por nada no son pocos las historias de los internos que ya habiendo cumplido su sentencia piden permiso para no abandonar a las Islas Marías. ¿Será el temor a la reinsertarse a una sociedad que pueda recriminarlo e incluso rechazarlo? ¿Será tal vez el miedo a ser obligado a reincidir o incurrir en este acto por propia voluntad o por necesidad por no encontrar otro medio de cómo solventar su vida? O bien, ¿será posible la amenaza latente de enfrentarse a la venganza, ya sea vertiéndose en él o generándola él?,Historias como la del ¨Padre Trampitas¨, ¨El Wama¨ o de ¨Pancho Valentino¨ o de otros reos que pasan sus condenas por diversos motivos: algunos de ellos totalmente justificados y que son aceptados perfectamente por ellos. Otros, por circunstancias de la vida que los obligaron a caer en errores, a veces voluntarios pero otras veces por ignorancia o por haber sido afectados por terceros. Se habla de todo, desde aquel que en una camioneta prestada transportaba droga sin que él lo supiera, o bien, el hombre que por robarse un celular encontró más de 8 años de prisión por allanar propiedad ajena. Pero también está el que realmente cometió de manera intencional algún crimen de mayor envergadura o con total conciencia. Sea cual sea la razón, el hecho es que la rehabilitación es posible, al menos eso fue lo que se nos dijo durante la visita que realizamos a las Islas Marías en agosto de 1996, en compañía de los ingenieros Ricardo Magdaleno Rodríguez y Pepón Macías Peña y nuestro anfitrión, el ¨Ingeniero Maravilla¨ Jorge Díaz de León, entonces Coordinador General del Archiélago de las Islas Marías y quien fue el primer civil en sustituir a los entonces gobernadores de ese lugar, que siempre habían sido militares. En las cárceles uno puede encontrarse con rostros con la frente abajo, personas que han experimentado en carne propia el abandono, la desesperanza y un resentimiento que llega incluso a la desesperación o el pensamiento de la venganza, pero que a pesar de ello existe una esperanza si realmente nace la convicción de la conversión, finalmente, donde sobreabunda el mal, sobreabunda el bien. Se requiere de alternativas... de una auténtica metanoia, es decir de navegar más allá del aspecto físico para reencontrarse con esa dignidad perdida a través de la conversión interna. Y es urgente encontrar un modelo sólido que toque almas y que permita su réplica en todo el mundo. Un modelo de prisión que de manera sostenida logre salvar a estas personas, que genere la oportunidad para el interno de reinsertarse a la sociedad, de ser productivo, de hallar nuevamente su dignidad, de encontrarse espiritualmente con Dios. De conformarse nuevamente como un ente íntegro. Después de todo cualquier persona que haya hecho lo que haya hecho, si realmente lo quiere, puede rehabilitarse, y ese tal vez, puede ser el principio y piedra angular de una novedosa metodología de readaptación, pues la rehabilitación si se da, pero sólo para aquellos que realmente quieran rehabilitarse.


En México, por ejemplo, en todo el sistema penitenciario había en el 2000 un aproximado de 154,732 presos. Para marzo del 2009, es decir en 9 años, la población había llegado a los 224,016. ¿Qué es lo está pasando en la sociedad? ¿Cuáles son las circunstancias actuales que imperan y están obligando a reconocer esta realidad? Hay verdades que no pueden omitirse o sosegarse con la indiferencia. Bien podría conferirse a una de las novela más conocidas del Siglo XIX, Los Miserables, cuando confiriendo a su autor se menciona que "para conocer una sociedad es necesario conocer a sus presos". Pero este conocimiento invita a más... no sólo a identificar una realidad presente o a ser consciente de sus causas, sino a intervenir de manera directa si realmente se pretende un mundo diferente. ¿Ideal? ¿Qué tal ideal? ¿Tanto como para no querer reconocer la existencia de una prisión modelo como lo es la Colonia Penal de Las Islas Marías? Posible, sí, pero requiere de una estructura mucho más sólida, más aún sabiendo que dicha prisión, la cual está conformado por un promedio de caso cinco mil presos de baja criminalidad, tiene por proyecto el incrementar su población a más de 8,000 reclusos y ahora con dos tipos de prisiones: de baja y de media peligrosidad. ¿Va a desaparecer entonces el concepto de una cárcel sin rejas? ¿Se estará mudando el concepto que hizo el cambio radical en esas Islas instaurando un modelo único en el mundo? Cierto es que el sistema penitenciario actual realmente enfrenta una gran presión en cuanto al número de presos que en ellos alberga. Las Islas Marías, afirma el ingeniero Jorge Díaz de León podrían ser una válvula de desahogo que permitiera atenuar la tensión que en ellos se respira tan sólo por el hacinamiento, pero más allá de ello es el momento exacto para meditar en la propuesta que en esta cárcel modelo se instrumente de hoy en adelante. Habrá no sólo que generar un modelo sólido que transforme adecuadamente a los presos, centralice y canalice el trabajo en conjunto de los reos en obras públicas comunes y de alto impacto aprovechando ese derrame de energía humana, sino que también se tomen incluso en cuenta las experiencias de los reos para el bien de todos, o bien, se forme e instruya adecuadamente a los custodios (finalmente una cárcel es lo que es su custodio), además de capacitar al personal técnico penitenciario, velando al mismo tiempo por salvaguardar el equilibrio con esa naturaleza que cohabita en la Isla y que da otro elemento adicional diferenciador con respecto a las otras prisiones del mundo. En función a las acciones que en materia de tomen, podrá existir la posibilidad y la esperanza alentadora para hacer un cambio, no sólo en la concepción de los sistemas penitenciarios, sino también en la forma como la sociedad conciba la realidad que ella impera y aproveche, para el bien de todos, estas circunstancias sumándonos para conformar un mejor futuro para todos, dijo el ¨Ingeniero Maravilla¨ Jorge Díaz de León quien prometió llamarnos el fin de semana para hablar de algunos de los personajes que más fama han dado a las Islas Marías, como el ¨Padre Trampitas¨, ¨El Wama¨ o el famoso luchador Pancho Valentino, mejor conocido como ¨El Matacuras¨.

#local

1 visualización0 comentarios