Falta de fe y esperanza


 


+ La solución a la gran enfermedad de nuestra sociedad la tenemos en nosotros mismos y no está en los políticos

+ Las rampantes crisis que se viven en Aguascalientes y que en el gobierno se niegan a reconocer afectan seriamente a las familias provocando desintegración, divorcios y suicidios

El Aguascalientes provinciano definitivamente quedó en el pasado.

Hoy presume de modernismo y de un desarrollo que nos está resultando demasiado caro por las crisis de todos sabores y colores que estamos viviendo.

Y eso ha traido como una de sus múltiples consecuencias el lacerante fenómeno de la desintegración familiar, los divorcios, los suicidios, las violaciones, drogadicción, alcoholismo y tantos y tantos obstáculos que pareciera que somos ya una sociedad que además de que está muy enferma, se encuentra sin fe y esperanza.

Las autoridades dicen que están trabajando para frenar todas estas crisis que tienen agobiada a la sociedad, mientras que en materia de suicidios los especialistas afirman que los esfuerzos son pobres, en tanto que la Iglesia pide a quienes se sienten solos y deprimidos, abrir su corazón a Dios, porque El está en cada uno de nosotros. Y en honor a la verdad, quienes somos católicos, como lo es la inmensa mayoría de los aguascalentenses, creemos que allí radica la gran solución a nuestros problemas... acercarnos más a Dios.

El mensaje ante todo esto que tiene enferma a nuestra sociedad, más que el de los políticos, es el de la fe y la esperanza, dice a FUERZA AGUASCALIENTES el Presbítero Raúl Sosa Palos, quien afirma que la fe hace milagros... y también la esperanza.

Sin embargo hay muchos que se preguntan: ¿Para qué sirven la fe y la esperanza? ¿Para qué el entusiasmo? Y personalmente al momento de estar escriendo estas podríampos asegurarle a nuestra sociedad: Sirven para hacerle frente a la vida con optimismo, sirven para tener a Dios dentro de nosotros.

En este sentido, muchos piensan que la gran enfermedad de este mundo es la falta de fe o crisis moral que atraviesa, pero hay otros que aseguran que lo que está agonizante es la esperanza, por lo que debemos emprender el redescubrimiento de las zonas luminosas que hay en las personas y las cosas que nos rodean.

Tener esperanza significa, afirma el Padre Sosa Palos, estar listo en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida.

Tal vez por esta razón hay gente desanimada, sin las ganas de cambiar lo cambiable, de denunciar lo denunciable y decir en voz alta lo que no se debe callar.

Quizá por esta misma razón el entusiasmo por la vida es una realidad marginal, ajena, distante.

Pareciera un privilegio de pocos, aquellos que se encuentran en buena posición o que tienen riquezas y también porqué no decirlo, detentan el poder político.

Y sin embargo nosotros, que hemos pasado por muchos obstáculos y hasta enfermedades que han estado a punto de quitarnos la vida, nunca hemos perdido la fe en Dios porque sabemos que si lo tenemos a El nada habrá que pueda dañarnos.

El Padre Sosa Palos asegura que la fe es como una semilla o como una lucecita que tiene que crecer.

Que tiene que hacerse llama fuerte.

Pero hay muchos peligros, muchas dificultades que pueden ahogar la fuerza de la semilla o pueden apagar la llama débil.

Por eso la frase de Jesús, una pregunta abierta, una interrogante que nunca encontrará la total respuesta.

La pregunta de Jesús diciendo si habrá fe en la tierra cuando regrese el hijo del hombre, cuando venga el último día.

Esta pregunta nos invita e insiste a mantener viva la llama de nuestra fe hasta el final.

El desánimo, la mediocridad, el cansancio, la pereza, el dejar las cosas para más adelante, son tentaciones que constantemente quieren dar al traste en nuestra fe. Y la fe si es semilla hay que alimentarla y no hay mejor alimento que la oración que es la relación íntima, diaria, personal con aquél que es nuestro padre, nuestro amigo, Jesús el Señor.

Por eso el tema de la fe no lo podemos tratar sin relacionarlo con el tema de la oración.


Y es que una vida de oración sólo es posible cuando hay fe. Y la fe surge del convencimiento de quien sabe que Jesús vive y está presente entre nosotros. Por eso hay que acercarse a El para hablarle, para pedirle, para escucharle, para insistirle, para dejarlo acompañar y envolvernos por su espíritu. Nuestra vida es una constante interrogante. Y Jesús viene a darnos respuestas a esas interrogantes. Alguien puede decir cuáles son las preguntas que hacemos a Dios.

Yo creo que Dios es el ser a quien más preguntas hacemos y ninguna de ellas son preguntas tontas o sin sentido.

Todas ellas, precisamente, van en busca del sentido de la vida. Preguntamos a Dios ¿qué cosa es el ser humano? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte? Y no sólo preguntamos o queremos averiguar el sentido o la razón, sino que también nos revelamos, nos desesperamos ante la presencia del mal, del dolor, de la tremenda crisis económica y social, de la muerte, de la tragedia. Y más cuando nuestra lucha es contra estas fuerzas que se escapan de nuestras manos.

A Dios le podemos seguir preguntando por el valor del progreso de otras victorias humanas, cuando se tiene que pagar un precio tan alto y tan caro. O también le podemos preguntar sobre lo que el ser humano puede aportar a la sociedad, o sobre lo que hay detrás de esta vida temporal. Y ante tantas preguntas, siempre encontraremos una respuesta. Que si no es convincente a nuestros razonamientos humanos, es suficiente para el que, como nosotros, basa la fe en el amor. La respuesta de Jesús siempre es la misma. Aquí me tienes, aquí estoy Yo a tu lado. Yo estaré siempre contigo hasta el final. Pensaremos que la respuesta no explica el dolor y nos desesperaremos al ver o al no ver la luz ante tanta oscuridad. Pero para los que se aman, la sola presencia del ser querido es suficiente para encontrar aliento y alivio en medio de la duda o del dolor. Es verdad que Jesús no dio explicación a todas las interrogantes, pero sí nos llenó y nos sigue llenando con su presencia. No podemos olvidar la frase que repitió muchas veces: Yo estaré con ustedes siempre hasta el final. Y debemos dejar bien claro que para Dios no existe la burocracia. En las cosas de Dios siempre es necesaria la fe. Y la fe es seguir orando, y orar sin cansarse, sin desanimarse pues la oración será el aliento y la respiración en medio de tantas situaciones en las que nos sentimos ahogar o estamos a punto de desesperarnos. La oración incesante es signo de nuestra relación constante, ininterrumpida con Dios.

Una relación creciente, convincente, personal y renovada.

Dios siempre nos escucha, lo que pasa es que la respuesta definitiva, la respuesta llena de claridad, la respuesta en la que ya la fe no tendrá ninguna importancia, esa respuesta, muchas veces Dios la deja para el final.

Y aquí la importancia de estar siempre en vela, de orar sin desanimarse, de mantener la fe hasta el final.

Por todo esto de lo que nos habla el padre Raúl Sosa Palos, personalmente estamos más que convencidos que rezar es hablar con Dios y aquí habrá que admitir que muchas veces la gente sólo piensa en la repetición de unas fórmulas aprendidas de memoria o acaso en la oración -muy importante también- hecha en comunidad, junto con otras personas.

Pero el Todopoderoso cuando nos invita a hacer oración dice que entremos en nuestra habitación y que allí, en secreto, podemos hablar con Dios y que Dios nos escucha. Es como una invitación a la intimidad, a hablar a solas con El.

Por eso aquellas personas que no se atreven a rezar, ni siquiera a asistir, en lugares públicos no deberían echar en saco roto esta posibilidad de hablar a solas con Dios, con sus propias palabras, en el lugar más recóndito.

Por ahí se empieza y por ahí debería terminar la oración de quienes también rezamos en público.

Pocas cosas hay tan maravillosas como el saber que nunca estamos solos, que El siempre nos escucha, aunque sólo sea para que le manifestemos nuestras dudas o nuestras quejas, pero además la oración nunca es un monólogo, una pregunta sin respuesta.

Cuando uno está en actitud de oración, al mismo tiempo que conectamos el cable para enviarle nuestros mensajes, El aprovecha ese mismo hilo para enviarnos los suyos.

Podemos estar hablando de Dios constantemente y meditar todas las verdades y misterios del catolicismo de la manera más excelente que podamos imaginar.

Pero el hecho de hablar con Dios supera con creces todo lo que podamos hablar de El.

Es ya como un anticipo del cielo, es llevar a la práctica en esta vida aquella finalidad para la que fuimos creados; para el diálogo con Dios.

Nada hay más simple ni más sublime, que nunca dejemos de hablar con El.

LA DESESPERANZA DESHONRA A DIOS

¿Quién no ha perdido alguna vez la esperanza?.

Por desgracia estamos viviendo una época en la que es fácil perder la esperanza.

La crisis económica y la crisis de valores no están golpeando sin misericordia alguna y a veces por muy fuertes que nos sintamos la desesperanza se adueña de nosotros. También la enfermedad nos ataca y le pedimos a Dios salud y su aparente silencio muchas veces nos sumerge en la desesperanza.


Pero a pesar de todo ello cuando entendemos lo que la desesperanza significa reconocemos que no hay causa justificada para la presencia de ella en nuestra vida.

Desesperanza significa literalmente estar sin salida.

Estar completamente perdido y sin recursos y esto se refiere a estar en un estado mental tal en el que uno cree que no hay esperanza alguna para su situación sea esta la que sea.

La desesperanza en este mundo tan lleno de obstáculos y mentiras es algo que deshonra a Dios.

Degrada a Dios, al Todopoderoso, a una fuerza impotente, que insinúa no solamente que El no puede sino que además incumple sus promesas.

Los que están desesperanzados en última instancia significa que han perdido la fe, la cual, como sabemos, es esencial para la vida.

Debemos destacar en FUERZA AGUASCALIENTES que los que han caído en desesperanza ponen su mirada en los recursos del mundo, en lugar de confiar en la capacidad de Dios. Los que han perdidos la esperanza se cansan hasta dejarse derrotar y hay muchos que hasta se suicidan, tal y como está ocurriendo en Aguascalientes. A pesar de lo trágica que es la desesperanza, ella no es algo desconocida para quienes tenemos fe. Oramos a Dios insistentemente pidiéndole ayuda pero hay quienes, principalmente los pobres y desempleados, que parecieran solo obtener silencio sin entender que a veces también el silencio es una respuesta de Dios y caemos en la desesperanza. Y este sentimiento es muy peligroso y traicionero porque sin darnos cuenta la desesperanza destruye muchas cosas en nuestra vida y nos da una visión negativa de la soberanía de Dios. Aquí habremos de decir que la desesperanza destruye la fe en Dios y en nosotros mismos. Ante esto en FUERZA AGUASCALIENTES afirmamos que nunca debemos de dejar de creer que Dios puede corregir los males de esta sociedad o solucionar los problemas que nos agobian, o las enfermedades que nos debilitan, sino que muchas veces lo que nos preguntamos es si a Dios realmente le importan o si nos ha olvidado. Y frente a tanta desesperanza sentimos la tentación de gritar a Dios para que se fije en nosotros, para lograr su atención.

No entendemos el aparente éxito de los malos y el fracaso de los buenos. Vemos la inmoralidad que nos rodea de los políticos y de la sociedad en general, la violencia, el sufrimiento de los pobres, la ruptura de las familias, y nos preguntamos ¿Dónde está Dios?. ¿Cómo puede permitir El que sucedan estas cosas tan horribles?.


Todas estas preguntas pueden hacer tambalear nuestra fe sino entendemos que la respuesta está en orar siempre y no desmayar. Y también en entender que el silencio de Dios no significa que El nos haya abandonado.

Cuando los problemas de este mundo se agolpan sobre nuestras vidas, debemos más que nunca fortalecer nuestra fe.

No sobreviremos a los peligros de este mundo hostil en el que vivimos, lleno de mentiras y engaños, sin una fe en Dios.

Cuando permitimos que la desesperanza destruya nuestra fe en Dios entonces es cuando nosotros perderemos toda la esperanza.

Cuando los que están atrapados en la desesperanza, confían en su propia sabiduría, para resolver sus problemas, la situación sencillamente empeora.

Los que pasan por alto la palabra de Dios, se distinguen por estar siempre preparados para culpar a otros por sus problemas.

Llegan a ser expertos en criticar y guardan rencor a todos los que no están de acuerdo con la ¨sabiduría¨ de ellos.

La perdida de la fe por la desesperanza nos hace entonces sentirnos amargados.

El verlo todo negro nos hace perder la visión y creemos que no podemos superar las rampantes crisis que vivimos, esas que niegan los gobernantes y los políticos porque sólo ellos se han beneficiados con el pomposamente llamado ¨progreso para todos¨.

#local

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